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Lavrov: "Europa forma parte de los procesos de resurgimiento del neonazismo"

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Los políticos europeos contribuyeron al triunfo de las peligrosas tendencias e ideas en Kiev, explica el canciller ruso en un documental para una televisión rusa.

Desde la desintegración de la Unión Soviética, Rusia quiso ver en Ucrania "un buen vecino y un amigo de confianza", pero fueron los políticos europeos y estadounidenses quienes implantaron una tendencia contraria en Kiev, sostiene el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, en una entrevista concedida este sábado para el documental 'Nazismo, bajo investigación' del canal de televisión Rossiya 24.

"Parto del hecho de que Europa forma parte de los procesos de resurgimiento del neonazismo", subraya Lavrov. "Es difícil sacar otras conclusiones", agrega el jefe de la diplomacia rusa, que trajo a colación la reciente "declaración espectacular" del presidente francés, Emmanuel Macron, quien se preguntó por qué Ucrania tendría que vivir conforme al modelo que Rusia le 'impone'. En los primeros años posteriores al golpe de Estado de 2014, Macron "no preguntó por qué los rusos en Ucrania debían vivir conforme al modelo impuesto por los neonazis", subraya el canciller ruso, que ve en ello un ejemplo "obvio" de "doble rasero".

Ya en el año 2003 —recuerda Lavrov—, cuando había comenzado en Ucrania la campaña presidencial, algunos políticos de la Unión Europea, como el entonces ministro de Asuntos Exteriores de Bélgica, Louis Michel (padre del actual presidente del Consejo Europeo, Charles Michel), declararon públicamente que el pueblo ucraniano tenía que decidir con quién quiere quedarse: con Europa o con Rusia.

"Sin una influencia de fuerzas externas, nada habría sucedido: ni la glorificación de los nazis, ni tampoco la conversión del nazismo en la teoría y la práctica del actual Gobierno ucraniano", asegura Lavrov. El canciller recuerda en la entrevista que en la década de 1990 "uno de los ideólogos del enfoque estadounidense de los asuntos internacionales y el dominio estadounidense, Zbigniew Brzezinski, dijo que Rusia con Ucrania sería una superpotencia, mientras que sin Ucrania sería un actor regional". "Esta fue la línea de Washington puesta en la práctica", recalca el alto diplomático.

En un intervención, Lavrov hace mención especial a los batallones y regimientos de voluntarios y nacionalistas como el de Azov, que —afirma— "ya era conocido como una organización extremista cuando se produjo el golpe de Estado en 2014".

"En 2015, a la hora de decidir sobre la asignación de asistencia a Ucrania, incluido su Ejército, la Cámara de Representantes del Congreso de EE.UU., excluyó esta formación de la lista de destinatarios por medio de una cláusula especial", recuerda. "Azov fue incluido en la lista de organizaciones terroristas en varios países europeos, y también en Japón. Sin embargo, "tras el inicio de la operación militar especial rusa, pidieron oficialmente disculpas a los integrantes de Azov por haberlos incluido en las listas de terroristas y aseguraron que esto no volverá a suceder", comenta.

Según Lavrov, Europa creó la situación actual en Ucrania, porque se negó rotundamente a obligar a Piotr Poroshenko [presidente de Ucrania en 2014-2019] y luego a Vladímir Zelenski, a cumplir los acuerdos de Minsk. La UE consintió con el rumbo anunciado abiertamente por Kiev de implementar un 'plan B', que consistía en la toma de Donbass por la fuerza. "Esta fue la razón de nuestra operación militar especial", argumenta el ministro.

Cuando Poroshenko se dio cuenta de que la guerra relámpago para reprimir Donbass había fracasado, firmó los acuerdos de Minsk, lo que mostró su voluntad para negociar a ojos de Moscú, relata el canciller. "De hecho, era solo una apariencia", porque en julio de este año el entonces presidente admitió en una entrevista con Radio Liberty que desde el principio no se disponía a cumplir esos acuerdos y solo necesitaba ganar tiempo para obtener más armas de Occidente. "Esto es cinismo sin disimulo", opina el alto diplomático en la entrevista. Años después de la firma de los acuerdos de Minsk, los diplomáticos occidentales hacían la vista gorda al sabotaje de estos documentos por parte de Poroshenko y de su régimen. Los llamados para que se llevaran a efecto solo se emitían "en forma de consignas", subraya.

Por último, el ministro recalca en su intervención que Moscú no tolerará el neonazismo en territorio de Ucrania y que el pueblo ucraniano "será liberado de los gobernantes neonazis".

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