Desde hace décadas, cada vez es más común observar en espacios públicos y privados de distintas ciudades alrededor del mundo "arquitectura hostil", diseñada para restringir comportamientos considerados indeseables. Ejemplo de ello son las estructuras metálicas colocadas a ras de suelo para evitar que personas sin hogar duerman en determinados lugares.
Este mismo principio ha sido adaptado para prevenir que las aves descansen o aniden en ciertos espacios, por lo que se ha desarrollado una gran variedad de pinchos antipájaros y redes antianidamiento. No obstante, estos dispositivos no siempre cumplen con su función e incluso son aprovechados por algunas especies para construir su nido.
Según detallan los expertos, algunas especies "muestran un comportamiento rebelde" y han aprendido a arrancar tiras enteras de pinchos antipájaros, algunas de ellas con afiladas púas metálicas, de los edificios y a manipularlas para usarlas como material para anidar.

En este sentido, un estudio conducido por investigadores del Centro de Biodiversidad Naturalis y del Museo de Historia Natural de Rotterdam (Países Bajos) ha documentado el uso de clavos, tornillos, jeringas y diversos tipos de pinchos antipájaros como material para la construcción entre urracas euroasiáticas y cornejas negras en Países Bajos, Reino Unido y Bélgica.
El primer ejemplo de estos fue descubierto en lo alto de un árbol en el patio de un hospital en la ciudad de Amberes (Bélgica). Para fabricarlo, las aves habían utilizado cerca de 50 metros de pinchos antipájaros, resultando en una verdadera "fortaleza inexpugnable", comentó Auke-Florian Hiemstra, coautor del estudio, publicado en la revista Deinsea.

Luego de analizar la estructura de los nidos construidos con dispositivos antipájaros, los científicos descubrieron que las urracas colocan los pinchos a modo de cúpula, lo que sugiere el uso funcional de este material: ahuyentar a otras aves, así como proteger a los huevos y los polluelos de sus depredadores.
Los desechos humanos son ampliamente utilizados por las aves para construir sus refugios. Investigaciones anteriores habían dado cuenta de nidos elaborados con mascarillas, residuos plásticos, preservativos, fuegos artificiales, envoltorios de cocaína, anteojos de sol, entre otros objetos. "Si hasta las puntas afiladas que repelen a los pájaros se utilizan como material de nidificación, parece que hoy en día cualquier cosa puede acabar en un nido de pájaros", apuntó el especialista.

Hiemstra sugiere que el uso de objetos fabricados por el hombre, como pinchos o alambre de púas, podría ser el reflejo de cierta "ventaja evolutiva", ya que estos proveen mayor protección y durabilidad en comparación con los materiales de origen vegetal.
En esta época en la que en las ciudades "hay más material antropogénico que biomasa natural, no es de extrañar que estas alternativas espinosas estén siendo adoptadas por las aves urbanas. Si incluso el material disuasorio para las aves se utiliza como material de nidificación, hoy en día cualquier cosa puede formar parte de un nido de pájaros", apuntan los investigadores.
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