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"Chocolateras" en el convento: la insólita prohibición católica que desató una rebelión de hábitos

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Durante siglos, el consumo de cacao intentó vetarse entre las religiosas.
"Chocolateras" en el convento: la insólita prohibición católica que desató una rebelión de hábitos

La creencia de que el cacao era afrodisiaco provocó uno de los episodios más insólitos en la historia de la iglesia católica e involucró prohibiciones, que fueron respondidas con rebeliones y protestas de las monjas en los conventos.

Todo se remonta a la invasión española que comenzó a fines del siglo XV con el arribo de Cristóbal Colon. Poco tiempo después, en abril de 1519, el conquistador Hernán Cortes llegó a México y Moctezuma II, el emperador azteca, lo recibió con honores.

La ceremonia incluyó una bebida amarga mezclada con vainilla, que fue servida en vasos de oro. Era el chocolate prehispánico que se preparaba con cacao, un grano que consideraban sagrado y al que a veces endulzaban con miel de maguey. El brebaje también podía tener un poco de chile o achiote, y se batía para hacerlo espumoso.

Durante el imperio azteca, el consumo del cacao estaba estratificado: era reservado para la realeza y personajes de relevancia social, por lo que no formaba parte de la dieta diaria de la comunidad. Si alguna persona de menor jerarquía lo bebía, era castigada. Se ofrecía en ocasiones especiales, como bodas de la nobleza, o para festejar alguna victoria militar.

La invasión española representó la llegada del azúcar, que se usó para endulzar al chocolate. Por eso, el consumo se masificó y el cacao se transformó en uno de los productos más usados en los conventos, donde las monjas de clausura de México y España se dedicaban con ahínco a la cocina.

En el siglo XVI comenzaron los problemas. En un ensayo publicado en el libro "Elogio de la cocina mexicana", el historiador Manuel Ramos Medina cuenta que la dieta de las monjas era "muy severa" y que consumían "comidas austeras", salvo en celebraciones en las que, entre otros platillos, degustaban el chocolate que ellas mismas preparaban.

Peleas conventuales

A los obispos no les gustó que las monjas tuvieran un poco de placer gastronómico y no tuvieron mejor idea que prohibir el chocolate. En el monasterio de las Carmelitas de San José, en la ciudad de México, el chocolate fue vetado por completo.

De hecho, entre sus votos de pobreza, castidad y obediencia, al momento de ordenarse, las monjas tenían que prometer que no beberían la energética bebida.

No solo eso, también debían impedir que sus compañeras lo hicieran. Las rivalidades estallaron. Las monjas se acusaban entre ellas de incumplir la prohibición. Se decían "regalonas" y "chocolateras", a modo de insulto.

La jerarquía eclesiástica trató de extender la prohibición en los conventos españoles, pero varias monjas argumentaron que Santa Teresa de Jesús, fallecida en 1582, jamás se había negado a que bebieran chocolate, así que era una propuesta sin sentido.

El origen del conflicto era la creencia de que el cacao tenía propiedades afrodisíacas. O sea, que provocaba un placer al que 'las esposas de Cristo' no deberían acceder porque, en opinión de algunos jerarcas, violaba los votos de pobreza y de penitencia.

Los intentos de prohibición rebasaron a los conventos. En el siglo XVII, el obispo de Chiapas, Bernardo de Salazar, prohibió que las damas de la alta sociedad que acudían a escuchar sus sermones bebieran chocolate durante las ceremonias religiosas y las amenazó con excomulgarlas, lo que habría provocado zafarranchos en algunas misas.

Con el apoyo de sus maridos, las señaladas se organizaron para protestar frente a los templos por el veto alimenticio, que terminó poco después con la misteriosa muerte del obispo. La leyenda dice que fue envenenado.

Castigos

Con respecto a los varones, un dato curioso es que a los estudiantes de la Compañía de Jesús solo se les vetó parcialmente el consumo de chocolate, ya que podían beberlo en la soledad de sus habitaciones, pero no en público.

En su ensayo 'Una peligrosa tentación: La controversia religiosa sobre el chocolate en la España de los siglos XVI al XIX', la historiadora María Mercè Gras Casanovas explica que la Iglesia le impuso a la orden de los Carmelitas Descalzos una serie de sanciones, si se atrevían a consumir la bebida.

Por ejemplo, a los sacerdotes se les castigaba con la "privación de voz activa y pasiva", lo que implicaba que durante seis meses no tenían derecho a hablar ni opinar y se les ignoraba por completo. Se les condenaba a la soledad y la humillación. A los frailes se les acusaba de "culpa grave" y debían cumplir una penitencia de consumo exclusivo de agua y pan durante 15 días.

En los conventos, a las preladas que comían chocolate o que permitían que sus monjas lo hicieran, se les suspendía en sus funciones durante dos meses. 

Después de siglos de peleas y tensiones, de acuerdo a varios investigadores, el papa pío VI terminó parcialmente con la prohibición del chocolate y el consumo se empezó a regularizar fuera de los recintos, de manera excepcional, cuando algún religioso padeciera una enfermedad.

Los prejuicios contra el alimento se sostuvieron hasta el siglo XIX pero, de a poco, se terminaron diluyendo igual que una barra de chocolate sumergida y batida en una olla de leche caliente. Luego la Iglesia quiso prohibir el café por considerarlo "una bebida diabólica", pero esa ya es otra historia.

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