La Casa Blanca pidió al Servicio Secreto que investigue el papel de la excongresista Marjorie Taylor Greene en una posible filtración de los planes de una cena privada del presidente Donald Trump en Washington, tras una irrupción de activistas de la organización Code Pink (Código Rosa) que hizo saltar las alarmas sobre su seguridad, según informa Axios, citando fuentes en condición de anonimato.
El episodio, ocurrido el pasado 9 de septiembre en el restaurante Joe’s Seafood, adonde el mandatario acudió con el vicepresidente J.D. Vance y varios miembros del gabinete en una visita no anunciada, terminó con manifestantes a pocos metros de su mesa, gritando consignas a favor de Palestina y contra el presidente. A solo un año de que Trump sobreviviera por poco a un intento de asesinato, eso fue visto en la Casa Blanca como un fallo grave de seguridad y el punto final de la relación política con Greene, aliada histórica que pasó a convertirse en uno de sus críticos más feroces.
Los dos ejes de la sospecha
Según las fuentes, las sospechas se sustentan en dos hechos. En primer lugar, Greene recomendó personalmente el restaurante y llamó varias veces a la Casa Blanca, el mismo día, para confirmar si el líder republicano asistiría. Algunos asesores consideran significativo que, siendo clienta habitual del local, no apareciera esa noche.
Por otra parte, la excongresista mantiene una relación cercana con Medea Benjamin, cofundadora de Code Pink, con quien comparte su postura en contra de la ayuda militar estadounidense a Ucrania e Israel.
Greene niega de forma tajante haber avisado a los activistas y califica la versión como "una peligrosa mentira". Admite que sugirió al dignatario visitar el establecimiento, pero sostiene que no conocía la fecha de la reunión y culpa al Servicio Secreto por no haber asegurado el restaurante con registros y detectores de metales. Code Pink también rechaza cualquier coordinación con la excongresista y se burla de la idea de que fuera ella la fuente de la filtración.
El choque se produce sobre un trasfondo de tensiones acumuladas. Según aliados de Trump, la relación comenzó a erosionarse cuando el presidente le hizo llegar encuestas internas que pronosticaban que Greene perdería una eventual carrera al Senado frente a un demócrata. Desde entonces, la exlegisladora intensificó sus críticas, acusando al inquilino de la Casa Blanca de abandonar la agenda 'América (EE.UU.) primero' y atacando su gran paquete fiscal y de gasto, mientras se quejaba en privado de que el círculo presidencial despreciaba sus ideas pese a años de lealtad.


