El ministro de Interior, Justicia y Paz de Venezuela, Diosdado Cabello, informó que su despacho no ha podido establecer aún el número exacto de víctimas mortales que dejaron los bombardeos estadounidenses contra la Gran Caracas el pasado 3 de enero, porque no han podido recoger e identificar plenamente todos los restos humanos de quienes perecieron en el ataque.
"Cuando no hablamos de la cantidad de fallecidos, de la cantidad de asesinados, es porque las explosiones fueron tan fuertes que hay personas que no sabemos dónde están. Fueron fragmentadas de tal manera que es imposible [identificar]. [Tenemos] es pedacitos y estudios que se hacen para ver el ADN de los restos humanos", refirió el alto funcionario este martes en una comparecencia ante la prensa que tenía como objetivo presentar los resultados de los operativos antidrogas desplegados durante el mes pasado.
Puntualizó asimismo que las autoridades avanzan en las labores de identificación forense, de las que participan profesionales de la Policía Científica, el Servicio Nacional de Medicina y Ciencias Forenses (Senamef), y del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), este último devenido en blanco de los misiles que lanzara EE.UU. sobre territorio venezolano.
"Venezuela no había sido bombardeado nunca. Un exabrupto total lo que hicieron [las tropas estadounidenses] contra Venezuela, contra gente que estaba dormida. Murieron y ni cuenta se dieron", recalcó Cabello, quien insistió además en que, pese a lo sucedido, el país debe "seguir adelante". "Nosotros estaremos aquí, trabajando mañana, tarde y noche, todos los días de la semana, para darle tranquilidad a los compatriotas", completó.
La semana pasada, el también vicepresidente de Política y Seguridad Ciudadana, comunicó en su programa 'Con el Mazo Dando' que al menos 100 personas habían fallecido como consecuencia directa de la agresión militar de Washington y que un número similar habían resultado lesionadas, sin aportar más precisiones.
Agresión de EE.UU. y secuestro de Maduro
Bajo el pretexto de la lucha contra el narcoterrorismo, EE.UU. lanzó una agresión militar masiva en territorio venezolano, el pasado 3 de enero, que afectó a Caracas y los estados Miranda, Aragua y La Guaira. La operación concluyó con el secuestro de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores.
Caracas calificó las acciones de Washington como una "gravísima agresión militar" y advirtió que el objetivo de los ataques "no es otro que apoderarse de los recursos estratégicos de Venezuela, en particular de su petróleo y minerales, intentando quebrar por la fuerza la independencia política de la nación".
El mandatario venezolano y la primera dama fueron trasladados al país norteamericano y actualmente se encuentran recluidos en el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn, en Nueva York.
Maduro se declaró inocente en su primera audiencia ante la Justicia de EE.UU., en el Tribunal del Distrito Sur de Nueva York, donde fue acusado de "narcoterrorismo".
La vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, juró como presidenta encargada del país suramericano.
Muchos países del mundo, entre ellos Rusia, instaron a liberar a Maduro y a su esposa. Moscú repudió el ataque y señaló que Venezuela debe tener el derecho de decidir su destino sin ningún tipo de intervención desde el exterior.