Migrantes muertos bajo custodia, redadas masivas, deportaciones, detenciones "erróneas" y el asesinato de una mujer estadounidense han sido parte del panorama en EE.UU. durante el primer año del segundo mandato del presidente Donald Trump.
Tras asumir el poder el pasado 20 de enero de 2025, Trump reforzó el discurso de criminalización de las personas migrantes que tomó como estandarte durante su primer Gobierno. Sin embargo, ahora no es solo relato: la política se ha concretado con hechos.
Trump no solo ha estigmatizado a todos los migrantes al tildarlos, sin pruebas, de "delincuentes", "asesinos", "violadores", "narcotraficantes" y "terroristas", sino que ha defendido las polémicas redadas ejecutadas por el Servicio de Inmigración de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés).
Mientras tanto, se incrementan las denuncias sobre abusos policiales en las redadas contra migrantes, debido a la presunta actuación de agentes con los rostros cubiertos; la irrupción en espacios como escuelas y centros de trabajo para efectuar detenciones; el uso indiscriminado de armas en medio de los operativos; y excesos que incluyen hasta ataques contra personas discapacitadas.
Este proceder ha provocado críticas de la prensa, que alerta sobre el deterioro de los derechos humanos en EE.UU. Las protestas contra las redadas, que son crecientes en algunos estados, tuvieron mayor proyección durante la reciente entrega de los Globos de Oro, ya que varios artistas portaron pines con las leyendas "ICE out [ICE fuera]".
Conmoción
Una de las historias más mediáticas, hasta ahora, ha sido la de Renee Nicole Good, una poeta estadounidense de 37 años y madre de tres hijos, que fue asesinada a tiros por un oficial del ICE el pasado 7 de enero de 2026 en Mineápolis, durante una redada migratoria.
A pesar de la magnitud del hecho, que ha provocado la indignación de un sector de la población, las autoridades estadounidenses han intentado justificar la acción al calificar a la escritora como "terrorista doméstica", sin presentar pruebas. Además, alegan que el agente de ICE le disparó a la mujer porque solo intentó resguardar su vida.
Good no ha sido la única víctima fatal. El año pasado, al menos 30 personas murieron bajo custodia del ICE, en centros para migrantes. En lo que va de enero, han fallecido cuatro más.
Las víctimas más recientes tenían características comunes: hombres de entre 42 y 68 años, tres latinoamericanos y otro asiático. El endurecimiento de las políticas migratorias de Trump también se refleja en los datos históricos de deportaciones masivas.
La secretaria de Seguridad Nacional de EE.UU., Kristi Noem, detalló que 2,6 millones de personas han salido del país desde que empezó la actual administración. La mayoría lo hizo de forma voluntaria, pero 650.000 habrían sido arrestadas y expulsadas a sus países o a cárceles de terceros países.
En junio del año pasado, Trump inauguró 'Alligator Alcatraz', un nuevo centro de detención para migrantes que está rodeado de una zona pantanosa habitada por cocodrilos y serpientes. Además, hizo acuerdos para enviar a cientos de migrantes a cárceles de terceros países como El Salvador, bajo un opaco andamiaje legal.
"Errores" y resistencia
La situación también se ha vuelto más compleja por los "errores" documentados en las detenciones. Uno de los casos que tuvo mayor repercusión internacional fue el de Kilmar Ábrego García, quien fue enviado desde EE.UU. a una cárcel en El Salvador, a pesar de que un juez le había otorgado una protección legal contra una eventual deportación.
El cierre de las fronteras en la era Trump también se refleja en las 100.000 visas revocadas en menos de un año, una dinámica que no parece que va a cesar. A mediados de este mes, Washington anunció que suspendía por completo los trámites de visado para 75 países.
La tensión es latente en las calles. Las protestas se extienden por todo el país bajo el lema "Fuera ICE para siempre", mientras organizaciones sociales, ciudadanos estadounidenses y trabajadores migrantes diseñan estrategias de coordinación para evitar abusos durante las redadas.
Así, organizan grupos específicos de WhatsApp, hacen sonar silbatos para avisar de las redadas, bloquean con sus autos el paso de los vehículos del ICE o les impiden la entrada a centros comerciales. En algunas escuelas, se turnan en patrullajes para controlar que no haya agentes migratorios que puedan llevarse a sus compañeros.