La Unión Europea está en camino de obtener casi la mitad de su gas de EE.UU. para finales de la década, lo que crea una importante vulnerabilidad estratégica para el bloque en un momento en que las relaciones con Washington alcanzan un mínimo histórico, informa Politico, citando a analistas y funcionarios europeos.
Europa ya está importando una cuarta parte de su gas desde el país norteamericano, una cifra que se disparará a medida que se implemente gradualmente la prohibición total a las importaciones de gas ruso. Una gran parte de importaciones por gasoducto desde Rusia ha sido sustituida por gas natural licuado (GNL) transportado desde la nación norteamericana.
Francia, España, Italia, Países Bajos, Bélgica, así como el Reino Unido, son los mayores importadores. Una serie de nuevos acuerdos con compañías energéticas de EE.UU. podría elevar la cifra hasta el 40 % del consumo total de gas de la UE en 2030, y a alrededor del 80 % de las importaciones totales de GNL en el bloque, según datos de IEEFA, una organización estadounidense sin fines de lucro que promueve la energía limpia.
Esto ocurre en medio de las amenazas del presidente Donald Trump de apoderarse de Groenlandia, que forma parte de Dinamarca, en una medida que podría destruir la OTAN y causar una crisis en las relaciones transatlánticas, señala el medio. La tensión se intensificó el pasado sábado, cuando el inquilino de la Casa Blanca anunció la imposición de un arancel a naciones europeas como Francia, Dinamarca, Alemania, y el Reino Unido hasta que se alcance un acuerdo para vender la isla ártica a EE.UU. La medida provocó peticiones para que la UE tomara represalias con restricciones comerciales.
"No hay alternativa"
Así, la creciente dependencia de la UE de las importaciones de gas natural licuado estadounidense "ha creado una nueva dependencia geopolítica potencialmente de alto riesgo", señaló Ana María Jaller-Makarewicz, analista principal de energía del Instituto de Economía Energética y Análisis Financiero. "Una dependencia excesiva del gas estadounidense contradice la [política de la UE] de mejorar la seguridad energética de la UE mediante la diversificación, la reducción de la demanda y el impulso del suministro de energías renovables", subrayó.
La alarma sobre este punto débil estratégico también está creciendo entre los países miembros del bloque y algunos funcionarios europeos temen que la Administración estadounidense pueda explotar la nueva dependencia para lograr sus objetivos de política exterior. Si bien existen otras fuentes de gas en el mundo más allá de EE.UU., el riesgo de que Trump corte el suministro a Europa tras una incursión en Groenlandia "debe tenerse en cuenta", afirmó un alto diplomático de la UE bajo condición de anonimato. "Esperemos que no lleguemos a ese punto", añadió.
A pesar de los esfuerzos por abandonar los combustibles fósiles, Europa aún depende del gas natural, que emite carbono, para cubrir una cuarta parte de sus necesidades energéticas totales. El gas se utiliza para generar electricidad, calentar edificios y abastecer la industria energética. Los consumidores y fabricantes europeos ya afrontan algunos de los costes energéticos más elevados del mundo, "lo que hace difícil para la UE rechazar el gas más barato procedente de EE.UU. a pesar del lenguaje amenazante de Washington", apuntaron los expertos. "La dependencia ciertamente existe, pero estamos un poco atrapados donde estamos", dijo un funcionario europeo. "Realmente no hay alternativa", concluyó.


