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Fin de la ficción: El "vasallo feliz" ya no puede fingir ante Trump

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La estrategia del presidente ha desgarrado el velo de la ficción transatlántica y ha obligado a Europa a admitir públicamente que carece de un proyecto estratégico autónomo, independiente del patrocinio de Washington, sostiene el analista Fiódor Lukiánov.
Fin de la ficción: El "vasallo feliz" ya no puede fingir ante Trump

La sumisión estructural de Europa a Estados Unidos —implícita y disimulada durante décadas bajo la apariencia de una alianza entre iguales— ha quedado expuesta de forma abrupta por la política de Donald Trump, obligando al Viejo Continente a reconocer públicamente su falta real de alternativas, señala en su análisis Fiódor Lukiánov, redactor jefe de Russia in Global Affairs.

Durante años, explica Lukiánov, el asunto se evitaba sistemáticamente "porque se daba por sentada". "Hasta ahora, la norma de comportamiento era guardar silencio al respecto. Todos entendían quién mandaba […] pero en los círculos cultos no se solía alardear de ello". Trump, afirma, ha descartado todas esas cortesías.

"El hecho de que Estados Unidos convierta su clientelismo en un dictado, y uno muy mercantilista además, es una característica específica del actual presidente"

Como resultado, la Unión Europea "se ve obligada a reconocer abiertamente lo que antes se reconocía en silencio", señala el analista. Ese reconocimiento forzado llegó incluso al Foro de Davos, donde —recueda Lukiánov— el primer ministro belga, Bart De Wever, habló de la elección entre ser un "vasallo feliz y una alternativa peor", mientras que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, admitió que Europa no puede eludir su dependencia estructural.

No obstante, el núcleo del problema no radica en admitirlo, sino en la ausencia de opciones. Según Lukiánov, Europa tendrá que reconocer que "no tienen ni ideas, ni esquemas, ni modelos de cómo podría organizarse […] sin el patrocinio de Estados Unidos".

La esperanza para los europeos, sugiere, es un retorno a la "hipocresía cortés": "pueden esperar que el próximo presidente […] se comporte de manera diferente". Así, "podrán volver a fingir que las relaciones se basan en el amor, y no en la coerción".

Lukiánov aplica este mismo análisis a la propuesta estadounidense del Consejo de Paz, que interpreta como un instrumento personalista de Trump y no como un sustituto funcional de la ONU, a la que —según él— el mandatario simplemente ignora.

"Todo este Consejo de Paz está relacionado, ante todo, con el hecho de que él mismo será el presidente de este consejo. Todo lo demás es secundario para él"

Según el analista, Trump busca crear una estructura paralela que le otorgue legitimidad internacional, de modo que pueda afirmar: "no solo nos representamos a nosotros mismos, […] he aquí la verdadera comunidad internacional", mientras se desfinancia el sistema multilateral existente. Este "enfoque comercial" implicaría incluso que la membresía permanente tendría un precio.

"En cuanto a la capacidad y funcionalidad de dicho Consejo de Paz, de momento no existe nada de eso", afirma Lukiánov. "Se trata de un intento de crear un instrumento universal bajo los auspicios de Trump que, de ser necesario, podría abordar cualquier asunto", aunque es poco probable —añade— que el presidente estadounidense tenga "una idea bien meditada de cómo debería funcionar este consejo en el futuro".

Todo sobre el Consejo de Paz de Trump, que aspira a ser alternativa a la ONU, en esta nota

Cómo la UE se convirtió en un vasallo impotente de EE.UU., en este artículo

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