Los habitantes de Vlkolínec, una aldea en Eslovaquia declarada Patrimonio Mundial de la Unesco, están pidiendo que el sitio sea retirado de la prestigiosa lista, al considerar que la protección internacional ha transformado su hogar en un "museo al aire libre muerto", donde la vida cotidiana es cada vez más difícil, indica Denník N.
Cuando la localidad fue inscrita en 1993, una de las condiciones clave era que siguiera siendo un pueblo vivo y habitado, no una exhibición turística. Tres décadas después, los residentes aseguran que ese compromiso se rompió: cerca de 100.000 turistas visitan el lugar cada año, recorren patios privados, miran por las ventanas e incluso observan el interior de viviendas habitadas como si fueran parte de una exposición.
Invasión turística
"La Unesco protege las casas, pero no a las personas", resume Anton Sabucha, de 67 años, el residente permanente más antiguo del pueblo. Afirma que las estrictas normas de conservación impiden actividades básicas como criar animales o cultivar pequeñas parcelas, mientras que el turismo masivo invade la privacidad de los vecinos sin mayores restricciones.
La población ha caído de forma drástica desde la declaración patrimonial. En 1993 vivían allí 27 personas; hoy quedan apenas 14. Expertos en patrimonio advierten que Vlkolínec fue reconocido no solo por su arquitectura de madera, sino por ser una comunidad funcional, una condición que ahora está desapareciendo bajo la presión del turismo.