Revelador descubrimiento en el punto sísmico más peligroso de EE.UU.

El nuevo descubrimiento explica un misterio de larga data en torno al gran terremoto de Petrolia en 1992, de magnitud 7.2.

Un grupo de científicos estadounidenses descubrió que el subsuelo del norte de California –una de las zonas de mayor riesgo sísmico de EE.UU.– está formado por cinco placas tectónicas independientes y en movimiento, dos de las cuales eran absolutamente desconocidas, precisa un comunicado de la Universidad de California en Davis.

Los investigadores establecieron que bajo la costa norte de California, en la Triple Unión de Mendocino –punto que hasta ahora se creía lugar de encuentro y transición de solo tres placas tectónicas: Gorda, Norteamericana y Pacífica–, la realidad es más compleja: un fragmento de la placa Norteamericana se ha desprendido y se hunde junto con la placa oceánica Gorda, mientras que otro bloque independiente, llamado fragmento Pioneer, está siendo arrastrado bajo el continente por la placa del Pacífico. Esto revela que la zona la forman al menos cinco bloques tectónicos en movimiento, en vez de tres. 

El sismólogo David Shelly comparó las placas con un iceberg. "Puedes ver un poco en la superficie, pero tienes que averiguar cuál es la configuración debajo", indicó. 

Para realizar este descubrimiento, los científicos se enfocaron no en los grandes terremotos, sino en decenas de miles de temblores extremadamente pequeños, imperceptibles para las personas. Además, observaron que la frecuencia de estos pequeños temblores aumentaba ligeramente durante ciertas fases de las mareas oceánicas, lo que se debe a la atracción gravitacional de la Luna y el Sol, que también ejercen una leve presión sobre las placas terrestres. 

"El límite de la placa parece no estar donde pensábamos que se encontraba", subrayó la especialista en geodesía Kathryn Materna. 

Este descubrimiento ayudó a resolver un misterio de larga data: por qué el gran terremoto de Petrolia en 1992, de magnitud 7.2, ocurrió a una profundidad mucho menor de lo previsto por los modelos en uso. 

El estudio apunta a que los modelos de predicción de terremotos podrían necesitar una actualización, para que los especialistas tengan más posibilidades de vaticinar cuándo ocurrirá un próximo gran sismo.