El miércoles se confirmó a la nueva arzobispa de Canterbury, Sarah Mullally, quien se ha convertido en la primera mujer en dirigir la Iglesia de Inglaterra.
Si bien la comunión anglicana, que incluye a la Iglesia episcopal de EE.UU., no tiene un líder formal al modo del papa de Roma, tradicionalmente se ha considerado al arzobispo de Canterbury como su líder espiritual.
Mullally tiene 63 años, está casada, tiene dos hijos y fue enfermera oncológica antes de convertirse en clériga. Su posesión del cargo llega 32 años después de que la Iglesia de Inglaterra ordenara a sus primeras sacerdotisas mujeres.
La Iglesia anglicana se originó en el siglo XVI, durante el reinado de Enrique VII, y en la actualidad se estima que cuenta con alrededor de 100 millones de feligreses repartidos en 165 países.