El primer ministro de Reino Unido, Keir Starmer, tuvo que ocultar sus manos para que no se vieran temblando mientras hablaba de Peter Mandelson durante la sesión de preguntas al primer ministro (PMQs, por sus siglas en inglés), un gesto que en Westminster se leyó como reflejo de la enorme presión política que afronta por el caso Epstein, indica Daily Express.
El propio líder laborista es consciente de que el escándalo —centrado en las filtraciones de información sensible de Mandelson a Jeffrey Epstein cuando el primero era Secretario de Estado de Negocios bajo el Gobierno de Gordon Brown, y que fuese nombrado después embajador en EE.UU. por Starmer— podría erosionar su autoridad en Downing Street.
En su intervención del miércoles, el primer ministro calificó de "traición" la conducta de Mandelson hacia el país, el Parlamento y el Partido Laborista, admitió que "se arrepiente" de haberlo designado y aseguró que "nunca habría estado cerca del Gobierno" si hubiera conocido entonces lo que revelan ahora los documentos del Departamento de Justicia de EE.UU.
Para tratar de contener el daño, Starmer anunció una batería de medidas excepcionales: impulsar una ley para despojar a Mandelson de su título nobiliario, crear un mecanismo para expulsar a lores deshonrados y retirar al exministro de la lista de consejeros privados, decisión que dijo haber acordado ya con el rey Carlos III.
Lo más estremecedor de la nueva tanda de archivos del caso de Epstein, en este artículo