Los inversores de alto patrimonio en Latinoamérica están cambiando los portafolios estándar por otros más personalizados y globalmente diversificados, consolidando las inversiones en activos alternativos y las estrategias fiscalmente eficientes como el centro de sus decisiones financieras.
Así, están dando prioridad a una combinación de mercados públicos, privados y activos reales, según apunta Bloomberg, a la vez que abordan las preocupaciones sobre la liquidez a través de innovaciones en vehículos de inversión.
De este modo, quienes buscan ingresos, diversificación y protegerse de la inflación están encontrando especialmente atractivos el crédito privado, el capital privado y las infraestructuras.
Interés por las criptomonedas y los metales ante un dólar débil
Los expertos apuntan a que el interés también está virando en los últimos tiempos hacia las criptomonedas, el oro y a los fondos cotizados en bolsa (ETF, por sus siglas en inglés), una cesta de activos que se negocia en los mercados como una acción individual.
Además, en América Latina esas tendencias globales tiene sus particularidades. Así, se suele combinar esa diversificación global con una exposición selectiva a activos locales, como las infraestructuras, el crédito privado y los bienes inmuebles.
Asimismo, los portafolios de esos grandes inversores se ven configurados teniendo en cuenta la planificación patrimonial, la estructura transfronteriza y las soluciones con cobertura cambiaria.
La región mantiene una exposición a acciones más amplia que otras latitudes, con una exposición equilibrada entre renta variable (44 %) y renta fija (43 %), esta última inclinándose cada vez más por la adaptación a entornos de mercado manteniendo una baja volatilidad.
Para los grandes capitales desde finales de 2025 se aprecia un peso cada vez mayor de los metales, en un momento en que se percibe la debilitación del dólar estadounidense y en que los mercados emergentes ganan protagonismo.