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¿Qué es la destrucción mutua asegurada, teoría que nos mantiene al margen de una guerra nuclear?

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A pesar de haber surgido hace más de medio siglo, hoy en día esta idea vuelve a cobrar relevancia.
¿Qué es la destrucción mutua asegurada, teoría que nos mantiene al margen de una guerra nuclear?

La renuencia de EE.UU. a renovar el Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (START III) con Rusia despertó las alarmas a nivel mundial por el peligro de que los arsenales de las principales potencias nucleares del planeta no estén regulados por un documento y de que esto pueda hacer estallar una guerra nuclear

Con ello, la teoría de la destrucción mutua asegurada vuelve a cobrar relevancia en la seguridad internacional.

¿De qué se trata? 

Conocida asimismo como 'destrucción recíproca segura' o simplemente por su abreviatura en inglés, 'MAD', que se traduce como "loco", fue ideada por el físico y teórico de juegos estadounidense John von Neumann, reconocido también por su papel en proyectos nucleares estadounidenses. 

La teoría plantea que el primer ataque nuclear de una de las partes de un conflicto desencadenaría una respuesta capaz de destruir a ambos, lo que, como consecuencia, contiene al primer ataque.

Asimismo, implica que el arsenal nuclear de los Estados está disperso, por lo que resulta imposible lanzar un primer ataque que destruya la totalidad del armamento del adversario y evite un contraataque igual de devastador

En resumen, se trata de una especie de confianza basada en la certeza de que la otra parte no hará nada porque al final también enfrentará su destrucción. Al final, sugiere que el mejor curso de acción para las potencias nucleares es no atacar.

La Guerra Fría 

La teoría surgió durante la Guerra Fría, un periodo de más de 40 años que estuvo definido por las marcadas tensiones geopolíticas, económicas e ideológicas entre las principales potencias nucleares: Estados Unidos y la Unión Soviética.   

Durante el tiempo que duró este capítulo de la historia, los arsenales de ambos países, así como las revoluciones tecnológicas a favor de estos, fueron incrementando sin parar, y ambos lados trataban de estar preparados en el caso de un posible enfrentamiento, que podría derivar en una catástrofe mundial. 

Basta recordar 'el plan Dropshot', elaborado por Washington en 1949 con la vista puesta en una eventual guerra nuclear contra Moscú. La estrategia contemplaba el lanzamiento de 300 bombas atómicas, así como 29.000 misiles de gran potencia, sobre más de 200 objetivos en 100 ciudades soviéticas.

La mejor representación de las fricciones de este periodo, que a su vez ilustra claramente el concepto de destrucción mutua asegurada, es la crisis de los misiles de Cuba en 1962.

Un año antes, EE.UU. había instalado misiles balísticos PGM-19 en Turquía, capaces de alcanzar el territorio soviético. A manera de respuesta, la URSS decidió desplegar secretamente misiles balísticos de medio alcance P-12 en Cuba.

Al descubrir los misiles soviéticos, Washington, liderado por el presidente John F. Kennedy, impuso un bloqueo a la isla, la cercó con su flota y aumentó el despliegue de tropas y aviones cerca de ella.

Aun así, durante los 13 días que duró la crisis, los misiles estadounidenses y soviéticos continuaron apuntándose mutuamente, listos para ser lanzados en cualquier momento y desencadenar una guerra con consecuencias devastadoras. 

Finalmente, ante tal escenario, el líder soviético Nikita Jruschov tomó la iniciativa y ofreció a EE.UU. desmantelar y retirar los misiles de Cuba a cambio de que Washington no atacara la isla y levantara el bloqueo; condiciones que los estadounidenses terminaron por aceptar a la vez que, también desmantelaron y retiraron sus misiles de territorio turco

En este capítulo de la historia y durante toda la Guerra Fría, la capacidad de disuasión que conlleva el concepto de destrucción mutua asegurada demostró su eficacia, al evitar un enfrentamiento nuclear entre EE.UU. y la URSS. 

Pactos que preservaron la paz     

En aras de la paz mundial, la Casa Blanca y el Kremlin han firmado acuerdos para regular sus arsenales nucleares; por ejemplo, en 1972, ambos países firmaron los primeros dos documentos en ese ámbito: el Acuerdo Provisional sobre Ciertas Medidas Relativas a la Limitación de Armas Estratégicas Ofensivas (SALT I), para restringir la cantidad de misiles balísticos y lanzadores de ambas partes; y el Tratado sobre Misiles Antibalísticos (Tratado ABM), para limitar el número de sistemas antimisiles.

En la misma línea, el 8 de abril de 2010 los entonces presidentes de Rusia, Dmitri Medvédev, y EE.UU., Barack Obama, firmaron el START III, que fue prorrogado sin condiciones previas por 5 años en febrero del 2021. En virtud del acuerdo, las partes se comprometían a reducir sus fuerzas nucleares activas a 700 portadores, 1.550 ojivas nucleares y 800 lanzadores.

El documento también establecía que las dos naciones tendrían derecho a determinar de forma independiente la composición y estructura de sus armas estratégicas ofensivas. Sin embargo, se les prohibía que las establecieran fuera del territorio nacional de cada país. EE.UU. alcanzó su punto de referencia en septiembre del 2017, y Rusia el 5 de febrero de 2018.

La caída del último pilar 

No obstante, la expiración del START III, el último pilar de contención nuclear vigente entre Rusia y EE.UU., el 5 de febrero, a pesar de la propuesta rusa de prorrogarlo, amenaza con abrir un nuevo capítulo de rearme a nivel mundial y supone consecuencias potencialmente devastadoras para el futuro de la humanidad.

En febrero del 2023, Moscú suspendió su participación en el pacto, debido a que Washington "destruyó la base legal en materia de control de armas y seguridad", al poner a actuar la infraestructura militar de la OTAN en contra de Rusia. Sin embargo, las partes siguieron intercambiando notificaciones sobre ejercicios de fuerza estratégica y lanzamientos de misiles balísticos intercontinentales y sobre los que se lanzan desde submarinos. Además, en cada momento se adhirieron a las limitaciones cuantitativas previstas en el tratado. 

En septiembre pasado, el líder ruso, Vladímir Putin, afirmó que su país estaba dispuesto a seguir adhiriéndose al tratado durante un año más tras su expiración, si EE.UU. adoptaba medidas similares. Por su parte, Donald Trump, calificó la iniciativa rusa de "buena idea". Sin embargo, posteriormente no mostró preocupación por la posible expiración del tratado. "Si expira, expira", sentenció. 

Así pues, el 5 de febrero de 2026 desde Moscú lamentaron el vencimiento del pacto. "Ha quedado sin respuesta [de EE.UU.] nuestra iniciativa de mantener los límites cuantitativos por un año más, incluso después de la expiración de este documento", lamentó el portavoz presidencial ruso, Dmitri Peskov. "A partir de ahora, todo dependerá de cómo se desarrollen los acontecimientos", añadió.

"En cualquier caso, Rusia mantendrá su enfoque responsable y atento respecto al tema de la estabilidad estratégica en el ámbito de las armas nucleares y, por supuesto, como siempre, se guiará ante todo por sus intereses nacionales", subrayó Peskov. 

Una nueva era 

Cabe destacar que, hoy en día, un posible enfrentamiento nuclear ya no se limita a Moscú y Washington: las insistentes provocaciones de la Casa Blanca hacia China, así como la tensiones en la península de Corea delinean un panorama inquietante que trasciende esa dualidad.

En este contexto, EE.UU. asegura que, a pesar de no haber prorrogado el START III, buscará "todas las vías" para cumplir "el genuino deseo" del presidente Donald Trump de un mundo con menos de estas "terribles armas". Así pues, el mandatario estadounidense propuso trabajar en un nuevo acuerdo de armas estratégicas con Rusia en lugar de prolongar el Nuevo START.

A su vez, el secretario de Estado, Marco Rubio, manifestó, citando las declaraciones previas del mandatario, que un régimen de control de armamentos en el siglo XXI es imposible sin tener en cuenta a China "debido a su gran arsenal y a su rápido crecimiento". Según el alto funcionario,  desde el 2020, Pekín ha aumentado su arsenal de armas nucleares de 200 a más de 600 ojivas y "está en camino de tener más de 1.000" para el 2030

A la vez, desde el Kremlin llaman la atención a la presencia de armas nucleares en territorio europeo. "Para nosotros es importante que, al debatir sobre el futuro sistema de estabilidad estratégica, no podamos abstraernos del potencial nuclear de los aliados de Estados Unidos en Europa. Concretamente, el Reino Unido y Francia. Sin esto, sin duda, no serán posibles futuras discusiones", recalcó el vocero presidencial ruso, Dmitri Peskov, recordando que el presidente Putin ha hablado de ello "en repetidas ocasiones".

Aun así, desde el Kremlin afirman que Rusia y Estados Unidos comprenden la necesidad de iniciar lo antes posible las negociaciones sobre la cuestión del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas.

Para saber qué es y qué estipula el Tratado de Reducción de Armas Estratégicas, lea nuestro artículo

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