El caso Epstein deja en el aire el futuro del primer ministro de un país de la OTAN

El Gobierno se tambalea tras verse salpicado por el escándalo que rodea al exembajador del país en Estados Unidos por sus vínculos con el delincuente sexual.

El futuro político del primer ministro británico, Keir Starmer, pende de un hilo por el nombramiento en febrero de 2025 de Peter Mandelson, amigo del fallecido delincuente sexual Jeffrey Epstein, como embajador en Washington, informa este lunes Bloomberg, que cita una fuente al tanto del asunto.

Este domingo, Morgan McSweeney presentó su dimisión como jefe de Gabinete, asumiendo la "plena responsabilidad" por haber aconsejado al primer ministro que designara a Mandelson como embajador en EE.UU., pese a los vínculos conocidos que tenía con Epstein. No obstante, adversarios de Starmer e incluso miembros de su partido subrayan que quien realmente firmó el nombramiento —el propio primer ministro— sigue en el cargo.

Según fuentes de Downing Street, en el entorno del Gobierno se preparaban para que varios ministros del Gabinete pidieran en privado a Starmer que diera un paso al lado o incluso amenazaran con dimitir si no lo hacía. Un asesor de un ministro llegó a asegurar que había "un 50‑50" de posibilidades de que el primer ministro no acabara la semana en su cargo.

Mientras tanto, el propio Starmer habría estado días dudando sobre si podía permitirse continuar sin McSweeney, el estratega que diseñó la aplastante victoria del Partido Laborista que lo llevó al poder en 2024. Su marcha deja al jefe de Gobierno expuesto en un momento en que miembros frustrados del Ejecutivo reclaman un cambio en la cúpula.

Dentro del partido, algunos esperan que Starmer trate de afianzar su posición reincorporando a su Gabinete a figuras del ala izquierda, pero un cargo del Partido Laborista advirtió que "la única forma de que llegue vivo a las elecciones locales de mayo es como pato cojo, con sus rivales usando ese tiempo para preparar sus desafíos".

¿"Inevitable" caída de Starmer?

La decisión de dejar marchar a McSweeney sorprendió incluso a algunos de los apoyos más duraderos de Starmer. El sábado, aliados cercanos insistían en que el jefe de Gabinete no dimitiría, porque eso haría "inevitable" la caída de Starmer. La red Mainstream, formada por políticos laboristas de centroizquierda, pidió que "todos los implicados" en la designación "rindan cuentas". Compass, otro grupo de presión de izquierda, fue más tajante: "Con el tiempo, se necesitará un nuevo capitán para dirigir el partido".

La oposición también se ha apresurado a dirigir los focos hacia Starmer. "La responsabilidad última recae en él", señaló la vicepresidenta del Partido Liberal Demócrata, Daisy Cooper, mientras la líder conservadora Kemi Badenoch escribió en X que el primer ministro debe "asumir las consecuencias de sus propias decisiones nefastas". Nigel Farage, líder del partido Reform UK, que encabeza actualmente las encuestas, vaticinó que Starmer "no tardará en seguir los pasos" de McSweeney.

En medio del escándalo

El lunes pasado, Mandelson se dio de baja en el Partido Laborista. "No deseo causar más vergüenza al Partido Laborista y, por lo tanto, renuncio a mi afiliación al partido", expresó en una carta.

Los documentos divulgados también revelaron que el financiero había enviado 75.000 dólares al exembajador. Además, incluyen mensajes de 2009 en los que Mandelson, entonces ministro de Negocios, asegura a Epstein que estaba esforzándose por cambiar la política gubernamental sobre los bonos de los banqueros, tal como había solicitado el financiero.