Denís Yákovlev, un prisionero de guerra ucraniano, afirmó que el mando del Ejército de su país no garantiza el abastecimiento de sus efectivos en el frente y los deja en las posiciones sin nada durante varios días.
Según sus declaraciones difundidas por la parte rusa, los combatientes recibían unas cuatro botellas de agua (aunque no siempre llegaban todas), dos barras de embutido, dos panes, quizá cuatro chocolates, azúcar, café y té.
"Eso nos duraba uno o dos días. Pero no nos lanzaban provisiones todos los días. A veces pasábamos cinco días sin comer", relató Yákovlev.
De acuerdo con el informe de la agrupación de tropas Centro del Ejército ruso, sus fuerzas expulsaron a militares ucranianos de una posición fortificada en la zona de la liberada ciudad de Krasnoarmeisk, tras lo cual parte de los efectivos ucranianos depusieron las armas.
Un integrante de la unidad, Andréi Shavrin, declaró que, en un enfrentamiento directo, el enemigo "se desorientó" y los soldados ucranianos aceptaron la propuesta de rendirse, asegurando que no contaban con el abastecimiento necesario. También expresaron que "los oficiales los habían abandonado" y los trataban "como carne de cañón".