Touren Pope, un niño de 11 años, protagonizó un hallazgo paleontológico de gran relevancia mientras exploraba junto a sus abuelos predios públicos gestionados por la Oficina de Gestión de Tierras (BLM) en el suroeste de Wyoming, EE.UU.
El descubrimiento se dio de manera fortuita durante una jornada familiar de búsqueda de piedras llamativas en un área supervisada por la Oficina de Campo de Rock Springs, detalló la BLM.
El chico localizó un objeto inusual en la superficie y llamó a sus familiares, que luego informaron a las autoridades. Tras el análisis de expertos, el extraño hallazgo resultó ser el caparazón de una tortuga fosilizada con una antigüedad de casi 48 millones de años. La pieza completa fue extraída en septiembre de 2025 por un grupo de expertos que invitaron al pequeño a integrarse a las labores de excavación.
El espécimen habitó la Gran Cuenca del río Green durante el Eoceno, una época en que la región poseía un ecosistema radicalmente distinto al desierto actual. El área presentaba un clima tropical, dominado por una vasta llanura aluvial y el antiguo lago Gosiute, un entorno que permitió la proliferación de diversas especies de cocodrilos, peces, mamíferos e incluso primates primitivos en los árboles.
El ejemplar descubierto pertenece a la familia de los trioníquidos, conocidos como tortugas de caparazón blando, cuyos restos quedaron bajo capas de sedimentos de la Formación Bridger hasta que la erosión natural los expuso nuevamente a la luz. La actuación del joven fue fundamental para la preservación del fósil, ya que informó de inmediato a las autoridades.
De esta forma, personal de paleontología y especialistas del Museo Geológico Tate, de Casper College, llegaron y aseguraron el sitio. La normativa federal estadounidense indica que los fósiles de vertebrados que se encuentren en tierras públicas son propiedad de la población y su extracción requiere permisos específicos; por ello, la decisión de la familia de no removerlo y notificar al gobierno garantizó que la pieza no sufriera daños irreparables por el clima o por una manipulación inexperta.
Traslado al museo
Para la extracción del fósil, los paleontólogos crearon una "chaqueta" de yeso y arpillera para proteger al espécimen durante su transporte. Los trabajos de laboratorio revelaron que el caparazón, de unos 30 centímetros de diámetro, se encontraba casi íntegro y en un estado de conservación excepcional, lo cual permitirá analizar detalles anatómicos internos que no eran visibles en el campo.
Tras el éxito de la operación, el fósil fue trasladado al Museo Geológico Tate, donde actualmente es sometido a procesos de limpieza y estabilización técnica para su futuro estudio científico. Como reconocimiento a su responsabilidad ciudadana y su aguda capacidad de observación, las autoridades permitieron al niño darle nombre oficial al espécimen.
El pequeño decidió que la tortuga será conocida para siempre como "Little Timmy", un nombre que ahora forma parte del registro histórico de Wyoming y que resalta el papel crucial del público en la custodia del patrimonio paleontológico en EE.UU.