Un equipo de científicos ha reconstruido los últimos momentos de cuatro niños incas sacrificados hace unos 500 años en una región de los Andes, en lo que hoy es Perú, según un artículo que será publicado en abril próximo en Journal of Archaeological Science: Reports.
Mediante tomografías computarizadas, los investigadores analizaron los restos de los menores, hallados en el monte Ampato y en un santuario cerca de la cumbre del volcán Sara Sara, donde fueron depositados como "mensajeros de los dioses". Descubrieron que al menos uno de ellos fue sacrificado en otro lugar y posteriormente trasladado a la cima.
La investigación reveló además que algunos de los niños seleccionados para el ritual del Capac cocha presentaban lesiones o enfermedades en el momento del sacrificio, lo que contradice los relatos de cronistas españoles que afirmaban que las víctimas gozaban siempre de perfecta salud.
"Nuestros hallazgos demuestran que los relatos de los cronistas deben tomarse con cautela", afirmó Dagmara Socha, arqueóloga de la Universidad de Varsovia (Polonia) y autora principal del estudio. "Aunque las fuentes históricas describen a los niños como físicamente perfectos y sin defectos, los análisis científicos modernos revelan una realidad muy diferente", añadió.
Los métodos de sacrificio variaban: algunas víctimas eran estranguladas; otras, asfixiadas. Socha precisó que, al parecer, cada uno de los cuatro infantes fue sacrificado de un fuerte golpe en la cabeza, posiblemente con una maza de madera.
¿Cómo eran?
Las cuatro momias son de menores: una de 8 años, una de 10, una de 14 y la famosa Dama de Ampato, conocida como la Doncella de Hielo o Momia Juanita, también de unos 14 años y cuyo cuerpo momificado fue hallado en un santuario cerca de la cima del volcán Ampato en 1995.
La nueva investigación reveló que los órganos del abdomen y cavidades torácicas de la niña de 10 años habían sido extirpados y reemplazados con piedras y telas antes de envolver el cuerpo y colocarlo en posición sentada, con las rodillas dobladas hacia la barbilla, en una meseta cerca de la cima de la montaña.
Los autores del estudio señalan que los órganos faltantes constituyen la primera evidencia de que alguno de los cuerpos fue preparado deliberadamente para la momificación, posiblemente para remediar lo que se consideraban deficiencias físicas de las víctimas.
A su vez, el análisis de la momia de la niña de 8 años mostró un esófago agrandado, que podría haber sido un síntoma de la enfermedad de Chagas —una infección parasitaria común en dicha región—, y cicatrices en los pulmones, que podrían haber sido consecuencia de una tuberculosis.



