El 7 de agosto de 1987, la nadadora de largas distancias estadounidense Lynne Cox completó una 'misión' deportiva y política sin parangón: cruzó a nado el estrecho de Bering, que separa Estados Unidos de la URSS.
La valiente nadadora cruzó los 4,3 kilómetros de gélida agua que separan Alaska y Siberia en 2 horas y cinco minutos, aunque realmente invirtió más de una década en prepararse para esta hazaña.
"Mi viaje fue la culminación de un esfuerzo de 11 años para usar el deporte para abrir la frontera entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Tenía que intentarlo", comentó Cox.
Los poco más de 4 km no eran gran obstáculo para una nadadora especializada en grandes distancias, sino que la mayor dificultad se encontraba en el verdadero abismo que separaba a las dos superpotencias de la época.
Las grietas en el Telón de Acero
El 5 de marzo de 1946, el ex primer ministro británico Winston Churchill, en su discurso en la localidad estadounidense de Fulton, abogó por una línea divisoria entre estados de Occidente y países socialistas. La URSS consideró esto como una señal para el inicio de la Guerra Fría y comenzó a erigir barreras, protegiéndose a sí misma y a los países socialistas de la "influencia corruptora" de Occidente. El tiempo ha demostrado la fragilidad de esta barrera.
A pesar de todas las restricciones, el mundo entero aplaudió a los artistas del Teatro Bolshói, los cuadros de pintores rusos llenaban todas las subastas internacionales y fenómenos como Yuri Gagarin o el Sputnik se convirtieron en marcas globales. Grietas similares aparecieron en el Telón de Acero a causa del Festival Internacional de la Juventud y los Estudiantes de Moscú en 1957, los festivales de cine, las exposiciones de los museos soviéticos, los Juegos Olímpicos de 1980 y otros eventos importantes.
Gente de todo el mundo no quería regirse por las leyes de los políticos: quería comunicarse, encontrar puntos en común y comprenderse. Ronald Reagan llamó a la URSS el "imperio del mal", pero el cantante Dean Reed, la alumna Samantha Smith y otros estadounidenses con una perspectiva diferente llegaron a la Unión Soviética. Estas personas querían ver otro mundo con sus propios ojos, forjar relaciones y experimentar cómo son las cosas en realidad.
El proyecto de cruzar la divisoria entre potencias beligerantes
En 1976, Cox tuvo la idea de cruzar a nado el estrecho entre Asia y América. Durante años, solicitó permiso a las autoridades soviéticas, pero se trataba de territorios fronterizos con un especial régimen de seguridad y no se lo concedían. En agosto de 1987, con Mijáil Gorbachov como el dirigente reformista y siendo ya una atleta de 30 años y de renombre mundial, Cox hizo realidad su sueño desde hacía 11 años. Tras años dedicados a preparar la travesía, en agosto de 1987 se estudiaba la última solicitud de la nadadora y recibió un permiso de las autoridades soviéticas solo dos días antes de la fecha planeada.
El 7 de agosto de 1987, las condiciones para nadar eran favorables. El estrecho de Bering estaba completamente en calma; poco después, la niebla hizo acto de presencia, reduciendo la visibilidad a 400 metros. Además de su equipo de apoyo, Cox estaba acompañada por algunos locales de la etnia inuit en umiak, sus tradicionales embarcaciones.
La travesía se produjo en el círculo polar ártico, donde la temperatura del agua allí en verano ronda los 6 ºC, aunque algunas fuentes indican que la temperatura del agua del mar el día de la prueba llegó a bajar hasta los 3 ºC. En semejantes condiciones, una persona promedio solo podría sobrevivir 30 minutos.
Cox recordó que estaba sin aliento por el frío, y que tenía los brazos y las piernas entumecidos. Estaba tan agotada y tenía tanto frío que no podía salir del agua. Los guardias fronterizos soviéticos la sacaron del agua y la doctora soviética Rita Zajárova la atendió y calentó.
"Los soviéticos nos recibieron en la frontera y nos ofrecieron una merienda. Fue realmente asombroso", dijo.
Las repercusiones del evento
"Era el 8 de agosto cuando salí del agua: había cruzado la frontera y la línea internacional de cambio de fecha. También fue el comienzo de una nueva era", comentó la atleta.
"Me recibieron el gobernador de Siberia, el jefe del KGB en Siberia, atletas olímpicos soviéticos y 50 personalidades de toda la Unión Soviética. Poco después, los presidentes Ronald Reagan y Gorbachov brindaron por esa travesía durante la firma del tratado de misiles de alcance intermedio".
"Gorbachov dijo que yo demostré lo cerca que viven nuestros pueblos", señaló Cox. "El mundo cambió después de eso".
Actualmente, Lynne Cox se desempeña como oradora motivacional y escritora.