El presidente de EE.UU., Donald Trump, amenazó a principios de semana con cortar todos los lazos comerciales con España, después de que el Gobierno de este país prohibiera la utilización de las bases que Washington tiene en su territorio para atacar a Irán.
El encontronazo entre los dos países viene de atrás, sobre todo después de que España se negara a cumplir con la exigencia estadounidense, en el marco de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), de elevar su gasto en Defensa hasta el 5 % del PIB.
Desde entonces se han sucedido las críticas de Trump hacia el país europeo, acusándole de no ser un socio fiable, así como las amenazas económicas y de otro tipo, que hasta la fecha han caído en saco roto y no se han concretado.
¿Cuáles fueron las amenazas?
El martes, el inquilino de la Casa Blanca dijo: "Le he dicho a Scott [Bessent, Secretario del Tesoro] que corte todos los tratos con España. España ha sido terrible... vamos a cortar todo el comercio con España. No queremos tener nada que ver con España".
Durante la misma intervención aseguró: "Podría mañana —o incluso hoy mismo, mejor aún— detener todo lo relacionado con España, todos los negocios que tengan que ver con España". Además, llegó a hacer mención del término embargo: "Embargos... hacer cualquier cosa que quiera con ello, y puede que lo hagamos con España".
El Gobierno español reaccionó advirtiendo que EE.UU. tendría que respetar la autonomía de las empresas privadas, la legalidad internacional y los acuerdos comerciales con la Unión Europea (UE), debido a que la política comercial de los 27 se decide desde Bruselas.
Las palabras del mandatario estadounidense dejan sobre todo interrogantes, pues la única concreción llegó de Bessent, que tan solo aludió a los dos artículos de la ley de comercio de EE.UU. que se podrían aplicar: el que permite imponer aranceles o restringir el comercio por razones de seguridad nacional y el que permite tomar las mismas medidas en respuesta a prácticas desleales de un tercer país, sin aterrizar en el caso concreto de España.
¿Subir aranceles?
A diferencia de ocasiones anteriores, Trump no hizo ninguna referencia a los aranceles, el arma que ha utilizado para conseguir un abanico de objetivos, desde castigar a Gobiernos que no eran de su agrado hasta penalizar decisiones judiciales que condenaba, pasando por usarlos como medida coercitiva para imponer treguas a países enfrentados.
Quizá el motivo es que su implementación a un solo país de la Unión Europea se antoja en la práctica imposible, puesto que se aplicarían a todo el bloque comunitario, castigando también a otras naciones aliadas.
Otra posibilidad sería la restricción de la importación de ciertos productos. En este caso, también afectaría a los 27, pero se trata de una dificultad que se podría salvar en gran medida dirigiéndose a productos concretos que dañen particularmente al tejido productivo español.
¿Embargo?
El presidente estadounidense utilizó la palabra embargo, algo muy diferente a simplemente subir las tasas a las importaciones. Un embargo puede impedir las exportaciones, las inversiones e incluso las operaciones financieras.
El término llamó la atención, porque se trata de una herramienta que no se había utilizado contra un país que es aliado en la OTAN.
La elección de esa palabra también podría estar relacionada con la sentencia del Tribunal Supremo que declaró ilegales los aranceles indiscriminados decretados por Trump desde que llegó a la Casa Blanca.
¿Represalias en la OTAN?
Aunque no lo mencionó, el descontento de Trump con España por su negativa a escalar su gasto militar, aunado con la situación actual, también podría tener algún tipo de consecuencia en el marco de la OTAN.
El mandatario ya dijo en alguna ocasión que la postura de España merecería la expulsión de la Alianza Atlántica, si bien los estatutos del organismo no dan cabida a esa situación. Sin embargo, se podría producir algún tipo de aislamiento en ese campo.
Superávit para EE.UU.
La relación comercial entre los dos países arroja un claro superávit hacia el lado de EE.UU. Así, el país norteamericano importa bienes por valor de algo más de 16.000 millones de euros al año, mientras que vende a España por valor de más de 30.000 millones de euros. De este modo, un bloqueo total del comercio entre las dos naciones, de poder implementarse, podría dañar más a los productores estadounidenses.
España importa básicamente energía, mientras que vende a Washington sobre todo maquinaria pesada, productos químicos y productos agroalimentarios.
¿Qué pasa con el gas?
EE.UU. es actualmente el primer proveedor de gas de España, después de haber ido aumentando su cuota en el mercado íbero paulatinamente después del estallido del conflicto en Ucrania. Trump podría intentar prohibir su exportación, pero habida cuenta de que se trata de contratos entre empresas privadas, su incumplimiento podría suponer un agujero para las arcas estadounidenses.
Sin embargo, sí que se podría presionar en esta banda a través de la revisión de permisos o de las prioridades de entrega, entre otras trabas burocráticas.
En este escenario, la ralentización de la llegada de gas natural licuado (GNL), del que el estadounidense supone el 30 % de la actual demanda del mercado español, puede elevar la factura energética industrial y suponer un empujón para el alza de la inflación, controlada en los últimos tiempos.
¿Otras sanciones?
Ante la pertenencia de España al club comunitario, EE.UU. podría estar explorando otras sanciones más imaginativas, como las restricciones de compras públicas, la revisión de contratos, presiones a compañías con presencia en los dos países, el endurecimiento de inspecciones o trabas en licencias y permisos federales.
Otra de las cuestiones que podrían estar bajo estudio sería la restricción de los visados, con un abanico que podría abarcar desde la denegación o retirada de visados a la inadmisión para viajar.