Cómo Zelenski se sale de control al lanzarse contra Orbán

En uno de sus últimos episodios de desenfreno verbal, el líder del régimen de Kiev amenazó con pasar la dirección del primer ministro húngaro a las FF.AA. de Ucrania.

La retórica de Kiev hacia Budapest se vuelve cada vez más ácida, sobre todo luego de que Hungría bloqueara hace dos semanas un préstamo de 90.000 millones de euros acordado por la Unión Europea, así como el 20.° paquete de sanciones antirrusas del bloque comunitario, hasta que Kiev reanude el tránsito de petróleo ruso a través del oleoducto Druzhba.

La deriva verbal de Zelenski

En uno de sus últimos episodios de desenfreno verbal, Vladímir Zelenski amenazó con pasar la dirección del primer ministro húngaro, Viktor Orbán, a las Fuerzas Armadas de Ucrania.

También se refirió a Orbán sarcásticamente como "el pobrecito", acusándolo de depender del petróleo ruso para su supervivencia política, y reiteró que no planea restablecer el flujo del petróleo a través de Druzhba, pese a que es técnicamente posible.

La andanada verbal contra Budapest no es un hecho aislado y se suma a una larga lista de insultos y amenazas que Zelenski ha dirigido en los últimos meses contra Hungría. Su retórica, cada vez más agresiva, recurre con frecuencia a un lenguaje obsceno y denigrante en sus comparecencias públicas.

La tensión escaló drásticamente en enero, tras los insultos de Zelenski en el Foro Económico Mundial de Davos.

El 15 de febrero, durante su discurso en la Conferencia de Seguridad de Múnich, dijo:

El día 14, también atacó públicamente al líder húngaro.

Cómo Zelenski pierde el control del lenguaje, en esta nota

Respuesta de Orbán

Orbán, entretanto, se mantiene impasible ante los venenosos arrebatos y amenazas del líder del régimen de Kiev. "Los ucranianos lo están arriesgando todo. No lo ocultan. Lo han dicho abiertamente. Zelenski incluso nos está amenazando. Está amenazando al país, al Gobierno y también al primer ministro", declaró este viernes.

"Debemos proteger nuestros intereses. Y eso es lo que he hecho también anteriormente. No cedí y, cuando fue necesario, me enfrenté tanto a Bruselas como a los ucranianos", añadió.

"No accederemos a la exigencia ucraniana de desprendernos de la energía rusa barata, no les daremos dinero y no les permitiremos entrar en la Unión Europea, ni siquiera si nos chantajean o nos amenazan de muerte", aseveró.

"Hemos detenido el suministro de gasolina a Ucrania, tampoco suministramos diésel, pero sí suministramos electricidad, y detendremos el tránsito por Hungría de mercancías importantes para Ucrania hasta que obtengamos la aprobación de los ucranianos para el suministro del petróleo", afirmó. "Los ucranianos se quedarán sin dinero antes de que nosotros nos quedemos sin petróleo", agregó.

El silencio de Bruselas

En medio de esta tormenta, la reacción de las instituciones europeas ha sido, cuando menos, sorprendente por su tibieza. Ursula von der Leyen, que apenas días antes prometía a Kiev encontrar una fórmula legal para sortear el veto húngaro y entregar los 90.000 millones de euros, ha guardado un silencio casi absoluto ante las amenazas de Zelenski contra un líder de la Unión Europea.

Eso sí, el pasado 24 de febrero le instó a que reanudara el funcionamiento del oleoducto que abastecía a Hungría, pero, a juzgar por el rumbo de las amenazas de Zelenski, que no piensa reanudar nada, no fue convincente en absoluto.

Los diplomáticos europeos parecen ahora paralizados ante la perspectiva de que un país que aspira a unirse al bloque comunitario —Ucrania— intente dictar su voluntad a un Estado miembro con amenazas apenas veladas de violencia.

El portavoz de la Comisión Europea, Olof Gill, condenó este viernes los insultos de Zelenski a Orbán, subrayando que "este tipo de lenguaje es inaceptable".

El problema de fondo es que Hungría, como miembro de la UE y la OTAN, dispone de herramientas institucionales para bloquear las aspiraciones del régimen de Kiev durante años. Mientras que en la Alianza Atlántica se ha encontrado una fórmula para ignorar el veto húngaro —delegando las decisiones en el secretario general—, en la UE las reglas son más estrictas y cualquier ampliación o ayuda financiera significativa requiere unanimidad.

Al quemar los puentes con Orbán, Zelenski no solo no consigue desbloquear los 90.000 millones, sino que ha fortalecido la narrativa del primer ministro húngaro, que se presenta ante sus votantes como el defensor de la soberanía frente a las injerencias extranjeras.

Mientras Orbán responde con firmeza a los arrebatos de Zelenski, la imagen de una UE dividida e incapaz de gestionar sus propias crisis internas se consolida, y en el centro del tablero, Ucrania sigue esperando unos fondos que, por ahora, permanecen congelados por la determinación de un solo hombre.