El presidente de EE.UU., Donald Trump, amenazó con volver a atacar la isla iraní de Jarg, enclave estratégico que alberga infraestructura clave para la exportación de petróleo de Irán y desde la cual se gestiona el 90 % del total de ventas de crudo del país. "Voy a darle una paliza", advirtió el mandatario, quien no ha descartado llevar a cabo "unos cuantos" bombardeos más "solo por diversión".
Pese a las amenazas, Trump, que anteriormente se refirió al lugar como "la joya de la corona de Irán", dio a entender que "algo positivo" podría ocurrir con ella en el futuro. "Nuestro Ejército ha sido increíble. Atacamos la isla de Jarg y destruimos absolutamente todo, excepto una cosa. Dejamos las tuberías, porque si las destruimos, su reconstrucción llevará mucho tiempo, y en algún momento algo positivo sucederá con respecto a ellas", aseguró.
La isla, situada a unos 25-30 km de la costa iraní, al norte del golfo Pérsico, funciona como terminal de exportación de petróleo desde la década de 1960. Antes y en los primeros días de la actual agresión estadounidense-israelí, la terminal operaba en torno a 1,5 millones de barriles diarios, un volumen superior a la producción total de muchos miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).
Todo sobre la isla de Jarg, en este artículo
Además, Irán suministra alrededor del 4,5 % del petróleo mundial, con una producción diaria de 3,3 millones de barriles de crudo y 1,3 millones de barriles de condensado y otros líquidos. Asimismo, de acuerdo con funcionarios iraníes citados por Bloomberg, desde Jarg se pueden cargar más de 6 millones de barriles al día, y la capacidad podría llegar hasta 10 millones de barriles diarios si fuera necesario.
Un nuevo paradigma energético
Según explicó un funcionario estadounidense a Axios, Trump se siente atraído por la idea de tomar el control total de la isla de Jarg, ya que ello supondría "un golpe económico al régimen iraní" al privarlo de financiación. "Hay grandes riesgos. Hay grandes recompensas. El presidente aún no está en eso y no estamos diciendo que lo estará", matizó la fuente.
En la misma línea, John Ullyot, exfuncionario de la Casa Blanca, señaló que controlar Jarg implicaría "quitar de la mesa un porcentaje tan elevado del suministro de petróleo iraní que paralizaría al régimen y, además, daría a Estados Unidos —como ha ocurrido en Venezuela— una gran influencia sobre el destino del petróleo de Irán".

A ello se suma, como advierte el analista de inversiones en petróleo y gas Josh Young, que aunque la república islámica dispone de otros puertos petroleros, es probable que EE.UU. opte por tomarlos o destruirlos.
"Incluso si la producción petrolera en Irán continúa, la pérdida de las instalaciones de Jarg o su transferencia al control estadounidense generará enormes problemas para la exportación de petróleo iraní. Otra terminal iraní, Jask, en la costa del golfo de Omán, no tiene capacidad para reemplazar a Jarg en términos de infraestructura", subraya Seguéi Strokán, experto en relaciones internacionales.
En este contexto, el economista Jeff Currie indica que "es probable que las primas de los seguros contra riesgos de guerra sigan siendo elevadas mucho después de que se haya lanzado el último misil. Y la reacción de los mercados [provocará] un reajuste permanente de los precios en la cadena de suministro".
Currie añadió que el mundo avanza hacia un nuevo paradigma energético en el que los riesgos de seguridad están integrados en los precios de las materias primas. "Es probable que cualquier mercancía que deba transitar por un punto estratégico tenga un coste adicional de seguridad", explicó, y precisó que, para los mercados petroleros, eso significa que la amenaza sobre la isla de Jarg puede resultar casi tan importante como un bombardeo real.
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Asimismo, Alexánder Frolov, subdirector general del Instituto Nacional de Energía de Rusia, advierte: "Si atacan esta isla, Irán tomará represalias contra la infraestructura de petróleo y gas de los países vecinos, lo que sumiría a la economía mundial en una grave crisis, peor que la de finales de la década de 2000. Los precios de la energía se dispararían".
Para Frolov, en ese escenario el precio del gas licuado también se vería afectado, al igual que los suministros y la producción de fertilizantes, metanol y plásticos en muchos países, por lo que todos los sectores sufrirían graves consecuencias. "Afectaría a una isla, pero la economía global entera sufriría las consecuencias", concluyó.
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