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Los aliados de Irán, el factor clave que puede complicarles la vida a Israel y EE.UU.

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Si la República Islámica no es capaz de igualar la superioridad militar de sus adversarios, aún puede "extender el campo de batalla en el tiempo y el espacio", abriendo múltiples frentes para sobrecargar a sus rivales, opina el analista Murad Sadygzade.
Los aliados de Irán, el factor clave que puede complicarles la vida a Israel y EE.UU.

La escalada del conflicto en Oriente Medio no es un choque limitado entre Irán y sus enemigos, sino una confrontación regional creciente en la que las fuerzas aliadas de Teherán —Hezbolá, las milicias chiitas de Irak y los hutíes de Yemen— están desempeñando un papel activo y coordinado para expandir el conflicto y dificultarles las circunstancias a EE.UU. e Israel. Así lo opina el presidente del Centro de Estudios de Oriente Medio de Moscú, Murad Sadygzade, en un artículo para RT.

El analista subraya que, aunque la República Islámica no fuera capaz de igualar la superioridad militar de sus adversarios, respondiendo avión por avión o misil por misil, aún podría "extender el campo de batalla en el tiempo y el espacio", abriendo múltiples frentes para sobrecargar a sus rivales. 

En opinión del experto, "ese es el verdadero significado de la escalada actual", dado que las guerras "se vuelven mucho más difíciles de continuar cuando cada ataque produce otra zona de inestabilidad, cuando cada avance provoca represalias, y cuando cada promesa de éxito decisivo se topa con una nueva y costosa complicación". 

Resistencia de Hezbolá

Sadygzade destaca que el Líbano sigue siendo un actor significativo que impide una victoria israelí decisiva. A pesar de la abrumadora superioridad tecnológica y de fuego de Israel, "Hezbolá sigue siendo capaz de golpear territorio israelí", y esto demuestra que la guerra en el Líbano no se ha resuelto a favor de Israel.

El analista subraya que la campaña israelí se está volviendo "estratégicamente corrosiva" porque se prolonga, consume mano de obra, expone a los soldados al desgaste y mantiene el norte de Israel bajo una amenaza constante. Según explica, esto socava la imagen de superioridad sin esfuerzo de la que depende en parte la disuasión israelí.

En este sentido, Sadygzade resalta que el Líbano es un ejemplo claro que demuestra cómo se puede contrarrestar a un oponente más fuerte. Cada semana que Hezbolá continúa contraatacando "debilita la noción de que Israel y EE.UU. pueden simplemente someter la región mediante una potencia de fuego superior". Esta percepción, añade, anima a los grupos aliados de Irán a escalar, "porque sugiere que la resistencia no es inútil y que la confrontación prolongada puede generar influencia estratégica", incluso contra un adversario más poderoso.

Amenaza iraquí

Asimismo, se señala que "las facciones iraquíes leales a Irán están atacando nuevamente intereses occidentales e instalaciones vinculadas a EE.UU., y su postura se está endureciendo a medida que crece la crisis regional". Por ello, cualquier movimiento terrestre de EE.UU. contra Irán "activaría inmediatamente el teatro iraquí". 

Sin embargo, el experto sostiene que, aunque esto no supone aún un despliegue masivo, "el escenario iraquí se está preparando política, organizativa y psicológicamente como una extensión del frente iraní", y advierte que, "si Washington intentara una operación terrestre contra Irán, se enfrentaría no a un campo de batalla sino a varios a la vez".

Según el analista, "la dimensión iraquí es especialmente peligrosa porque se sitúa en la intersección de operaciones militares, debilidad estatal interna y soberanías en competencia", por lo que cualquier nuevo ciclo de ataques puede reavivar tensiones internas y profundizar la lucha sobre el rol del país en el conflicto regional. "Una vez que ese proceso comienza a acelerarse, se vuelve muy difícil de contener", asevera. 

Yemen no es "un teatro secundario"

A pesar de que algunos observadores creen que "Yemen podría seguir siendo un teatro secundario", Sadygzade indica que esa creencia podría ser prematura. Precisa que el movimiento de Ansar Allah (los hutíes) "ha señalado un retorno a la acción directa contra Israel" y, más importante, ha vuelto a amenazar el tráfico marítimo a través del estrecho de Bab el Mandeb, clave en la ruta marítima más corta entre Europa y Asia, que pasa por el canal de Suez.  

En su opinión, esa amenaza no es retórica. "Si este corredor se vuelve inseguro de manera sostenida, las consecuencias se extienden mucho más allá de la región. Las compañías navieras cambian de ruta. Las primas de seguro se disparan. Los plazos de entrega se alargan. Los costos de combustible aumentan. Las cadenas de suministro absorben nuevas fricciones", advierte. "Por eso, incluso la amenaza de cierre es casi tan perjudicial como el cierre en sí mismo", señala el experto. 

Además, explica que si Ansar Allah demuestra que puede atacar barcos vinculados a Israel o a sus partidarios, el efecto comercial comenzará mucho antes de que exista un bloqueo formal. Por lo tanto, "algunos transportistas evitarán la ruta. Otros exigirán tarifas mucho más altas. Los escoltas navales pueden volverse más comunes". De este modo, asegura, un problema militar se transformará en uno comercial, y luego en un problema macroeconómico global.

Error de cálculo de EE.UU.

Según Sadygzade, la estrategia de Washington en el conflicto con Irán parece estar produciendo el efecto contrario al deseado. "Pueden que creyeran que una presión contundente reduciría las opciones de Irán y restauraría la disuasión. En cambio, corre el riesgo de producir el resultado opuesto", sugiere el experto. "En lugar de aislar a Irán, la escalada está atrayendo a sus fuerzas aliadas más estrechamente al conflicto. En lugar de acortar la crisis, la está alargando. En lugar de concentrar el campo de batalla, lo está fragmentando en toda la región", añade. 

El analista advierte de que "una guerra dispersa a menudo es más difícil de ganar que una concentrada". Lo que suceda después dependerá de si EE.UU. e Israel "continúan creyendo que una mayor presión militar aún puede producir claridad estratégica", pero "esa creencia ahora parece cada vez más cuestionable". Para Sadygzade, "la consecuencia probable no es una victoria limpia para ningún bando, sino una larga fase de inestabilidad regional por desgaste".

"La superioridad militar no se traduce automáticamente en éxito político, especialmente en una región donde los actores no estatales aliados pueden abrir múltiples frentes con relativa flexibilidad".

Aunque EE.UU. e Israel conservan "una enorme capacidad destructiva", el analista señala que "la destrucción no es lo mismo que el control, y el control no es lo mismo que la victoria". A su juicio, Irán y las fuerzas leales a él "están tratando de extender el conflicto en el tiempo, de extenderlo a través de la geografía, y de erosionar la capacidad de sus adversarios para mantener el enfoque". Por ahora, concluye, esa estrategia está funcionando mucho mejor de lo que muchos en EE.UU. e Israel esperaban.

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