El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quería despedir a su directora de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard, por no haber apoyado "sin reservas" la guerra contra Irán durante su comparecencia ante el Congreso el pasado mes de marzo, pero finalmente se echó para atrás, después de que su amigo y asesor, Roger Stone, intercediera a favor de ella, informa Axios, que cita a cinco fuentes.
Según dos personas consultadas, Trump "reprendió" a Gabbard en una reunión privada y cuestionó su lealtad, si bien otras dos fuentes matizan que fue una amonestación amistosa.
The Guardian reportó a primeros de abril que el enfado del dignatario se debía que Gabbard, en su testimonio del 19 de marzo ante el Comité Selecto Permanente de Inteligencia de la Cámara de Representantes, no condenó a uno de sus principales asesores, el exdirector del Centro Nacional de Contraterrorismo, Joe Kent, quien había dimitido dos días antes, argumentando que su conciencia no le permite "apoyar la guerra en curso en Irán", porque, según manifestó en su carta de renuncia, "no representaba ninguna amenaza inminente" para EE.UU., atribuyendo a las presiones de Israel la decisión de atacar al país persa.
Durante la audiencia, la republicana Elise Stefanik interpeló a Gabbard sobre si estaba de acuerdo con las declaraciones de Kent, quien culpó a altos funcionarios israelíes y a medios de comunicación de engañar a Trump respecto a la amenaza que representa Irán.
"[Kent] dijo muchas cosas en esa carta. En definitiva, hemos facilitado al presidente las evaluaciones de inteligencia, y el presidente es elegido por el pueblo estadounidense y toma sus propias decisiones basándose en la información de la que dispone", respondió Gabbard.
"Pero, ¿está de acuerdo? ¿Le preocupa esa declaración que hizo culpando a Israel?", insistió Stefanik, a lo que Gabbard respondió afirmativamente.
Trump consideró que Gabbard estaba defendiendo a Kent y que mostraba reticencia a la hora de defender la postura de la Administración de atacar a Irán, por lo que empezó a sondear a los miembros de su Gabinete sobre si debería destituirla, según fuentes de The Guardian.
Sus colegas la respaldaron, al igual que hizo Stone cuando llamó la semana pasada al presidente, a quien enumeró varias razones para mantener a Gabbard en el cargo. En particular, esgrimió que ella prestó testimonio ante el Senado de manera profesional y que nunca le contradijo. Asimismo, apuntó que "si fuera despedida y se le otorgara esa aura de credibilidad entre los disidentes de MAGA, Gabbard podría convertirse en una potente candidata presidencial del Partido Republicano", lo que podría perjudicar a su sucesor predilecto, el vicepresidente J.D. Vance, según fuentes de Axios. "Roger cerró el trato. Salvó a Tulsi", señaló una de ellas.