Los recientes cambios en el liderazgo de Irán, tras la muerte del ayatolá Alí Jameneí y otras destacadas figuras bajo ataques aéreos, no han derivado en la moderación de su Gobierno, como pretendían Washington y Tel Aviv, sino en un endurecimiento de su postura política y militar, sostuvo este martes The Wall Street Journal.
EE.UU. e Israel impulsaron el conflicto contra Irán con la expectativa de que la eliminación de sus más altos funcionarios generara condiciones para un cambio en la estructura de poder o, al menos, facilitara la aparición de líderes más abiertos a negociar y alinearse con sus intereses. No obstante, los resultados han sido muy distintos.
Un Gobierno más rígido
Según el WSJ, la nueva dirigencia iraní ha adoptado una postura más rígida, mostrando escasa disposición a alcanzar acuerdos tanto en el ámbito interno como en el internacional. Así, resalta el medio, Mojtabá Jameneí, hijo del fallecido líder supremo iraní, asumió el poder respaldado por sectores ultraconservadores y por el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), consolidando un Gobierno más radical.
Paralelamente, el nuevo Gobierno iraní habría incrementado su presión en la región, incluyendo ataques a países vecinos y el bloqueo del estrecho de Ormuz, una ruta clave para el comercio de petróleo a nivel mundial.
De acuerdo con WSJ, los dirigentes iraníes se han mantenido firmes frente a la intensa campaña de bombardeos estadounidenses e isralíes, que han provocado severos daños en las capacidades militares, en las instalaciones energéticas y en la infraestructura civil del país.
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