Un nuevo estudio, realizado por investigadores de la Escuela IMT de Altos Estudios de Lucca, en Italia, reveló que el contenido de los sueños no es nada caótico, sino que es el resultado de una compleja interacción entre nuestra personalidad y las experiencias que vivimos, informa EurekAlert.
La investigación, publicada este martes en la revista Communications Psychology, analizó más de 3.700 informes de sueños y experiencias de vigilia recopilados de 287 participantes de entre 18 y 70 años. Durante dos semanas, los voluntarios no solo registraron lo que soñaban, sino también sus experiencias cotidianas. Al mismo tiempo, los investigadores recopilaron información detallada sobre sus patrones de sueño, sus capacidades cognitivas, sus rasgos de personalidad y otras características psicológicas.
Se precisa que, para examinar los datos obtenidos, el equipo utilizó técnicas avanzadas de procesamiento del lenguaje natural (PLN), una rama de la inteligencia artificial que analiza el lenguaje humano y permite detectar patrones ocultos en grandes volúmenes de texto. "Al combinar datos a gran escala con métodos computacionales, pudimos descubrir patrones en el contenido de los sueños que antes eran difíciles de detectar", enfatiza Valentina Elce, autora principal del artículo.
Las claves del estudio
Los científicos concluyeron que el contenido de los sueños no es aleatorio ni caótico, sino que responde a una compleja combinación de dos grandes factores: los rasgos personales de cada individuo y los eventos externos que marcan su vida.
Entre los rasgos personales que influyen en los sueños, el estudio destaca la tendencia a la divagación mental —costumbre de saltar de un pensamiento a otro sin un rumbo fijo—, el interés que una persona tiene por sus sueños y la calidad de su sueño. Según la investigación, las personas más propensas a divagar tendían a reportar sueños más fragmentados y con cambios rápidos de escena, mientras que aquellos que daban mucha importancia a sus sueños los experimentaban de forma más vívida e inmersiva.
Asimismo, se precisa que los eventos externos, como la pandemia de covid-19, dejaron su huella: los sueños durante el confinamiento se caracterizaron por una mayor intensidad emocional y frecuentes referencias a restricciones y limitaciones, reflejando el contexto social del momento. Mientras tanto, con el paso del tiempo, esos patrones disminuyeron, lo que sugiere que los sueños evolucionan a la par que nuestra capacidad de adaptación psicológica.
"Nuestros hallazgos muestran que los sueños no son solo un reflejo de experiencias pasadas, sino un proceso dinámico moldeado por quiénes somos y por lo que vivimos", explica Elce.
Los investigadores señalan que uno de los hallazgos más llamativos es que los sueños no se limitan a reproducir nuestra vida diaria como si fueran una grabadora. Los elementos de las rutinas diarias, como los entornos laborales, los centros sanitarios o la educación, no aparecen tal como son. En cambio, los sueños toman elementos de esas experiencias y los reorganizan. Los mezclan con otros contextos, cambian las perspectivas y crean escenarios nuevos, a veces extraños o surrealistas.