Investigadores de la Universidad de Córdoba (España) han conseguido fabricar una batería sostenible a partir de residuos de pistacho. Este nuevo dispositivo, basado en azufre, no emplea litio ni metales críticos y puede soportar hasta 1.000 ciclos de carga y descarga. El trabajo se desarrolla dentro del proyecto 'SuperNaS', financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, y está orientado a las baterías de sodio-azufre para el transporte eléctrico y las energías renovables.
El pistacho se ha puesto de moda. Solo en España, el Ministerio de Agricultura señala que su producción aumentó un 73 % durante el último año. Ese crecimiento trae consigo una montaña de residuos: las cáscaras. Un equipo de la Universidad de Córdoba ha descubierto cómo darles utilidad justo para construir baterías que duran más y dañan menos el entorno.
En lugar de usar litio, se apuesta por el azufre. Los detalles del hallazgo aparecen en la revista Chemical Engineering Journal. La propuesta consiste en unas baterías fabricadas con sodio y azufre. Se trata de una tecnología más económica y respetuosa con el medio ambiente, ya que emplea materiales abundantes en el planeta. Pero ese sistema necesita un carbón activado que sirva de conductor eléctrico, y ahí aparecen las cáscaras de pistacho.
Los investigadores predoctorales Azahara Cardoso y Omar Saad señalan que los carbones activados extraídos de ese residuo se obtienen mediante un proceso sencillo, que se puede ampliar a gran escala y que gasta pocos productos químicos. Gracias a la cáscara de pistacho, la vida útil de la batería se ha extendido hasta los 1.000 ciclos de carga y descarga. Nunca antes se había logrado esa marca con componentes sostenibles en este tipo de tecnología de sodio y azufre.
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