Nuevas investigaciones plantean que el famoso supervolcán de Yellowstone podría alimentarse de una forma muy distinta a la que se pensaba hasta ahora. Un estudio reciente sostiene que la actividad volcánica estaría impulsada principalmente por movimientos de la corteza terrestre y no por una profunda pluma de magma ascendente desde el manto, como defendían hipótesis anteriores.
En el estudio, publicado en la revista Science, los investigadores elaboraron un modelo tridimensional basado en los movimientos históricos de placas tectónicas en el oeste de Estados Unidos, la estructura actual del manto y datos sobre la litosfera. Según sus conclusiones, la tectónica por sí sola podría calentar los depósitos de magma sin necesidad de una pluma profunda.
El equipo identificó dos fuerzas opuestas que estarían moldeando el sistema magmático. Por un lado, diferencias de densidad en la litosfera estiran la corteza hacia la costa oeste; por otro, la antigua placa de Farallón continúa hundiéndose bajo Norteamérica, arrastrando la parte inferior de la corteza y alterando la geometría de los conductos volcánicos.
Una nueva comprensión
"Esta competencia [entre las dos fuerzas] abre la litosfera que se encuentra debajo de Yellowstone", afirmó a Live Science el geólogo Li jun Liu, coautor del trabajo. Añadió que ese sistema de conductos conecta la superficie de Yellowstone con capas debajo de la corteza terrestre y atrae el magma hacia arriba.
"Nuestro trabajo cambia la comprensión de cómo funciona el sistema de conductos magmáticos, por lo que los futuros modelos de erupción deben tener esto en cuenta", explicó Liu.
Durante años, la comunidad científica ha debatido si el sistema volcánico dependía de una pluma profunda del manto o de presiones generadas dentro de la corteza y el manto superior. En ese sentido, el sismólogo Jamie Farrell señaló que "las consecuencias de estas diferentes hipótesis son las que cabría esperar en el futuro para el sistema volcánico de Yellowstone".
Los investigadores consideran que este hallazgo podría mejorar la capacidad de anticipar la actividad futura del volcán y ofrecer una visión más precisa sobre su comportamiento. Además, introduce una nueva interpretación sobre el mecanismo que impulsa la actividad volcánica bajo Yellowstone.
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