La justicia italiana reabrió el caso del asesinato de Chiara Poggien, una joven de 26 años cuyo cadáver fue hallado en 2007 en Garlasco (Italia). El crimen conmocionó al país y generó décadas de debate judicial, informa Reuters.
Alberto Stasi, entonces novio de la víctima, fue quien alertó a la policía sobre el hallazgo del cuerpo en agosto de ese año. Ese hecho lo convirtió rápidamente de testigo en principal sospechoso y acusado. Pese a la falta de confesión, del arma homicida y de un móvil claro, la investigación se basó en forenses y en las contradicciones de su coartada.
Tras ser absuelto en dos instancias, el tribunal supremo italiano ordenó un nuevo juicio que culminó en 2015 con una condena de 16 años para Stasi. El fallo generó una profunda división en la opinión pública del país.
Nueva evidencia, nuevo sospechoso
El caso resurgió por una nueva teoría que investigan los fiscales. Nuevos estudios forenses indican que los rastros de ADN masculino hallados bajo las uñas de Poggi son compatibles con Andrea Sempio, amigo del hermano de la víctima.
Sempio, que ha negado ser el autor del crímen, fue citado este miércoles en Pavía como sospechoso de ser el único responsable de la muerte de Poggi. La policía investiga además las acusaciones de que su familia habría sobornado a un fiscal para que lo excluyera de la lista de sospechosos.
"[El caso] ha cautivado a Italia porque todo fue claramente una burla a la justicia", opinó Gianni Riotta, periodista italiano que dirigía el principal noticiero de la cadena estatal RAI cuando ocurrió el crimen. "El juicio fue un circo. Había muchísimas lagunas en el caso, y aún así consiguieron una condena", añadió. "Aquí la gente no para de decir que Italia tiene el mejor sistema judicial del mundo. Bueno, si eso es cierto, ¿cómo es que hemos acabado con este desastre?", concluyó.


