El riesgo de EE.UU. de perder ante China a sus aliados en una región clave

La guerra en Irán está generando efectos secundarios que van mucho más allá de Oriente Medio y empiezan a erosionar la posición de Estados Unidos en el Sudeste Asiático, donde sus aliados combinan la creciente vulnerabilidad económica con una mayor disposición a diversificar sus vínculos hacia China.

Cuando el presidente de Filipinas, Ferdinand Marcos Jr., declaró a finales de marzo el estado de emergencia en el sector energético, supuso un reconocimiento de un problema del que Washington prefiere no hablar abiertamente: el paraguas de seguridad estadounidense no es capaz de proteger a sus aliados del Sudeste Asiático de las consecuencias económicas de una guerra contra Irán.

Incluso los países de la región, estrechamente vinculados a EE.UU. en los ámbitos militar y político, se han enfrentado a graves costos para su propia economía y seguridad energética. En este contexto, los Estados del Sudeste Asiático buscan cada vez más un equilibrio más pragmático entre Washington y Pekín.

Vulnerabilidad ante la crisis energética

El FMI considera a Asia una de las regiones más vulnerables a las consecuencias de la guerra en el golfo Pérsico debido a su alta dependencia de los suministros de petróleo y gas a través del estrecho de Ormuz. El gas y el petróleo que se transportan a través de esta vía llegan directamente a las empresas de los países del Sudeste Asiático.

Poco después de su declaración, el presidente filipino activó un fondo de emergencia de 333 millones de dólares para reforzar la seguridad energética del país y pidió a sus socios de la ASEAN que pusieran a prueba los mecanismos de distribución colectiva de combustible, que durante mucho tiempo habían sido solo una formalidad.

Indonesia también se enfrentó a problemas similares. Según las estimaciones de las autoridades, debido a la guerra, Yakarta podría necesitar hasta 5.900 millones de dólares en subsidios energéticos adicionales este año. Esto ocurre a pesar del acuerdo de defensa a gran escala con Estados Unidos, que abarca una amplia gama de áreas de cooperación.

Vietnam, cuya economía depende de manera crítica de las exportaciones y de la estabilidad del comercio mundial, también se ha visto obligado a adaptarse a los nuevos riesgos. En abril, el presidente vietnamita visitó Pekín, donde las partes firmaron 32 acuerdos que muchos consideran un intento de protegerse de las consecuencias de la crisis global.

"Esto no equivale a renunciar a la autonomía. Sugiere algo más sutil. En un mundo en el que las señales de Estados Unidos son erráticas, Hanói está estrechando determinados lazos con China como medida de seguridad, al tiempo que evita que tanto Pekín como Washington le cierren las puertas", señala Alejandro Reyes, profesor adjunto e investigador principal del Centro de Estudios sobre la China Contemporánea y el Mundo de la Universidad de Hong Kong.

Señal seria para EE.UU.

Reyes indica que los tres ejemplos constituyen una señal seria para las autoridades estadounidenses. Señala que las exigencias de Washington de una mayor determinación por parte de los aliados, especialmente cuando la inestabilidad es provocada por las propias acciones de EE.UU., no son más que una carga adicional para los aliados.

"La guerra con Irán no empujará al Sudeste Asiático a los brazos de China. Pero sí profundizará un instinto regional más silencioso: preservar la cooperación con Estados Unidos al tiempo que se reduce la exposición a las repercusiones de su gestión de crisis. Más cautela, más diversificación, más resistencia al exceso de compromiso estratégico. Esto no es antiamericanismo. Es la lógica de la supervivencia", señala el experto.

"Un paraguas de seguridad que no ayude a proteger la autonomía se debilitará políticamente con el tiempo. La cuestión ya no es quién ofrece la disuasión más fuerte. Es quién ayuda a preservar la capacidad de maniobra cuando llegan las crisis, los puntos de estrangulamiento se politizan y no se puede confiar en que ninguno de los dos polos mantenga abiertos los espacios comunes", concluye.