El primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, ha declarado el martes que no dimitirá a pesar de las tensiones en el Partido Laborista.
"En el Partido Laborista existe el procedimiento para impugnar al líder, y eso no se ha puesto en marcha", afirmó, citado por medios locales. "El país espera que sigamos gobernando. Eso es lo que estoy haciendo y lo que debemos hacer como gabinete", añadió.
Al menos 81 diputados laboristas exigieron la dimisión de Starmer tras la derrota del partido en las elecciones locales, según cálculos de Steven Swinford, periodista de The Times. Mientras, la ministra del Interior, Shabana Mahmood, y la ministra de Asuntos Exteriores, Yvette Cooper, pidieron que el jefe de Gobierno reconsiderara su postura y fijara un plazo de renuncia, informó el medio. La ministra de Descentralización, Religión y Comunidades, Miatta Fahnbulleh, fue la primera en abandonar su cargo debido a desacuerdos con Starmer.
Por otra lado, el legislador John McDonnell acusó al ministro de Sanidad, Wes Streeting, de organizar un "golpe" contra Starmer. Se reporta que los aliados de Streeting estuvieron entre los diputados laboristas que exigeron la renuncia del primer ministro.
Popularidad por los suelos
La popularidad de Starmer ronda el 19 %, mientras que cerca del 70 % de los británicos no aprueban su gestión.
Starmer ganó las elecciones en julio de 2024. Durante su campaña prometió crecimiento económico, mejora de los servicios públicos deteriorados y el alivio del coste de vida, pero estos objetivos se hicieron menos realistas con el comienzo de la guerra de EE.UU. contra Irán, que llevó al bloqueo del suministro de petróleo a través del estrecho de Ormuz.