Del contrato soñado a carne de cañón: el dramático relato de un colombiano enviado al frente en Ucrania

Lo que comenzó como una promesa de dinero terminó convirtiéndose en una pesadilla en las trincheras de Zaporozhie. Un colombiano reclutado a través de redes sociales contó cómo fue enviado al frente tras apenas una semana de entrenamiento y advirtió a otros latinoamericanos que no caigan en lo que describe como "un viaje a la muerte".

Un ciudadano colombiano que partió a luchar por Ucrania tras ser reclutado a través de las redes sociales contó una historia que resultó ser una trampa en lugar del ansiado contrato que le habían prometido los reclutadores de Kiev.

El chico se presenta como Silva Mendoza Arbey, del municipio de Yopal, capital del departamento de Casanare, a 300 kilómetros de Bogotá. Afirma que tenía problemas económicos, que su vida sufría "altos y bajos", y que eso lo motivó a ponerse en contacto con los reclutadores después de ver sus anuncios en TikTok, Facebook* e Instagram*. 

Sin embargo, en lugar de ver cumplidas las promesas grandilocuentes que le hicieron y de recibir una preparación adecuada, terminó en el frente en la provincia de Zaporozhie, donde, en sus propias palabras, se utilizaba a los mercenarios extranjeros como "carne de cañón" para recuperar las posiciones perdidas.

El mecanismo del reclutamiento para el infierno

A pesar de las objeciones de sus familiares, el joven se puso en contacto con dos reclutadores con los seudónimos 'Sniper' y 'Nazar', quienes lo invitaron a Bogotá. Allí se alojó en un hotel y, junto con otros colombianos, inició su viaje.

El grupo hizo escala en Panamá y Estambul, y finalmente llegó a Moldavia, donde un reclutador ucraniano los recibió, les dio chocolates y los llevó en autobús a Ucrania tras retirarles sus pasaportes.

Posteriormente, tuvieron que esperar otras 13 horas hasta llegar a un lugar donde les tomaron muestras de saliva y huellas dactilares, les entregaron uniformes y les informaron que se encontraban en la provincia de Zaporozhie.

Algo parecido a un entrenamiento

Según Mendoza, un estadounidense conocido como 'Texas' se encargaba de entrenar a los mercenarios. Sin embargo, ese entrenamiento era más bien una ficción. "Nos prometieron que el entrenamiento iba a durar al menos un mes, pero a la sorpresa se llegó escasamente a una semana de entrenamiento y ya no, que toca firmar contrato porque viene más gente y que aquí no cabe", recuerda él.

Según el colombiano, les aseguraron que aún podían marcharse antes de firmar el contrato, pero eso resultó ser "una gran mentira". "Entonces, según tocaba pagar una suma de dinero muy alta para poder regresar al país, cosa que es obvio que ninguno íbamos a tener esa suma de dinero para pagar y regresar al país y no participar en la guerra", recuerda el mercenario.

Al campamento seguían llegando nuevos colombianos y ucranianos, muchos de los cuales, según afirma Mendoza, nunca antes habían tenido un arma en las manos. Uno de los reclutas ucranianos no pudo soportar lo que estaba pasando y se quitó la vida de un disparo, relata. 

En lugar de misiones fáciles, a los mercenarios recién llegados los enviaron a recuperar una posición perdida por un camino del que nadie regresaba. "Había muchos soldados colombianos que ya habían cumplido su ciclo y les daba miedo decir que renunciaban porque, si les decían que ya querían renunciar, los dejaban allí más tiempo", cuenta el mercenario.

Se mostraba una actitud similar hacia los heridos. Otros mercenarios le contaron al colombiano que, en caso de desobediencia, el comandante ucraniano o bien mataba a la gente o bien los dejaba heridos a morir, sin evacuarlos.

El colombiano se negó a ir a una de las misiones peligrosas, pero lo amenazaron. "Empezaron a amenazarnos diciendo que, si no nos movíamos y no acatábamos las órdenes, nos sancionarían con dos meses sin pago y sin comida ni agua", recuerda.

Una de esas operaciones terminó con su captura. Mientras se dirigían a la posición, el grupo fue detectado por drones rusos. Tras lanzar una granada de humo, Mendoza salió de su escondite y se entregó a los militares rusos. "Me capturaron y me dieron buen trato en ese momento; me quedé esa noche en su posición y me dieron de beber agua, me dieron de comer", contó.

Después lo trasladaron a una posición rusa y lo interrogaron. "Allá me entrevisté con varias personas y había algunas que estaban algo enojadas porque yo era extranjero y estaba luchando en una guerra que no me pertenece; y pues entiendo, entiendo su ira contra mí porque, de verdad, estoy en una guerra que no nos compete a nosotros. Cosa que me di cuenta fue ya demasiado tarde", admitió.

Consejo a sus compatriotas

Mendoza advirtió a sus compatriotas que se abstengan de correr ese riesgo, poniendo como ejemplo su propia historia. "El mensaje para todas aquellas personas que están allá en aquel hotel de Bogotá, señores que están esperando su turno para viajar, por favor absténganse de hacer ese viaje a la muerte, ahí les dejo mi historia, es así como sucedió, a ustedes los traen engañados a pelear una guerra con una suma de dinero muy alta, pero a nosotros nos traen engañados, diciendo que solo vienen a pilotar drones y cuando llegan acá resultan tratando de recuperar una posición en persona para que otro comandante quede bien ante los altos mandos ucranianos", dijo.

"Señores, sean conscientes, piensen en su familia, su mamá, su papá, sus hermanos, sus seres queridos y desempaquen esa maleta y regresen a casa, aquí en Ucrania no se va, no se viene a lo que ustedes piensan", concluyó.

Mercenarismo colombiano en Ucrania

Desde el 2022, los colombianos figuran entre los contingentes más numerosos de combatientes extranjeros que se han incorporado al Ejército ucraniano para combatir en el conflicto con Rusia. Pero el tamaño real de esa presencia sigue envuelto en opacidad, ya que no existen estadísticas oficiales y las cifras que circulan varían con fuerza. La BBC ha mencionado estimaciones de hasta 7.000 colombianos, mientras otros medios reducen la cifra a entre 2.000 y 3.000.

La incertidumbre sobre el número contrasta con un dato que sí se repite: el contingente colombiano aparece, una y otra vez, asociado a altas pérdidas. Según cifras de la Cancillería de Colombia citadas por El Tiempo en noviembre pasado, al menos 64 colombianos han muerto y 122 figuran como desaparecidos. Sin embargo, a finales del 2024, el entonces canciller Luis Gilberto Murillo habló de al menos 300 connacionales caídos.

Petro ha condenado de forma reiterada la participación de colombianos en guerras ajenas. En el caso de Ucrania, ha sostenido que los ucranianos "tratan a los colombianos como raza inferior" y que muchos son utilizados como "carne de cañón". En diciembre, además, pidió a Vladímir Zelenski que libere a los colombianos "engañados" que "parecen estar secuestrados en Ucrania".

En paralelo, su Gobierno ha logrado abordar el problema y aprobó en diciembre una ley que ratifica el tratado internacional que prohíbe el mercenarismo. Al otro lado del frente, Rusia mantiene procesos judiciales contra mercenarios extranjeros que combatieron junto al régimen de Kiev, entre ellos varios ciudadanos colombianos. Algunos ya han sido condenados.

El Código Penal de la Federación de Rusia castiga la participación de mercenarios en conflictos armados o acciones militares con penas de prisión de 7 a 15 años. Sin embargo, un tribunal ruso condenó en junio pasado al colombiano Pablo Puentes Borges a 28 años de prisión. Según reveló en septiembre el Comité de Investigación de Rusia, hasta ese momento se habían instruido 177 causas penales contra mercenarios de distintas nacionalidades.

*Perteneciente a Meta, calificada en Rusia como organización extremista, cuyas redes sociales están prohibidas en su territorio.