El príncipe consentido de Kiev: Zelenski engañó y arruinó a su país con la ayuda de Occidente

Una exvocera del jefe del régimen de Kiev dejó esta semana al descubierto la corrupción, las mentiras y la coerción en la cúpula ucraniana, que se mantiene viva gracias al respaldo occidental. Tarik Cyril Amar, historiador alemán que trabaja en la Universidad Koç de Estambul, analiza en un artículo para RT las declaraciones de Yulia Méndel a Tucker Carlson.

Rudyard Kipling, un clásico moderno del canon literario occidental, fue tanto un defensor del imperialismo británico como lo suficientemente honesto como para conocer sus sórdidos fundamentos de codicia, mentiras y egoísmo puro.

Por eso, el mismo hombre que exaltó la "carga del hombre blanco" también escribió 'El hombre que pudo ser rey' ('The Man Who Would Be King'), una historia sobre dos aventureros ambiciosos y de poca monta que logran engañar hasta convertirse en reyes y ricos en un país remoto en los márgenes del imperio, en su apogeo a finales del siglo XIX. Hasta que uno de ellos comete el error de meterse con la mujer equivocada, quien termina mordiendo al tipo en público. Al verlo sangrar, sus súbditos se dan cuenta de que es un mero mortal y se deshacen sin piedad de los dos impostores.

El gobernante de Ucrania –y rey 'de facto' (del tipo anticuado y no constitucional)–, Vladímir Zelenski, también es un trepa social. En sus años formativos, su Krivói Rog natal era una ciudad provincial postsoviética con una industria venida a menos y una animada escena de gánsteres, una "ciudad bandida", en sus propias palabras. Zelenski también es un experto en el fingimiento por profesión, un 'showman' cínicamente profano del tipo 'dales lo que quieran siempre que dé dinero', cuanto más crudo y obsceno mejor.

De hecho, Zelenski incluso tiene un secuaz, quien, al igual que en la oscura historia de Kipling, ha compartido el esquema de apropiación de poder y saqueo: Andréi Yermak, su exjefe de Gabinete y amigo muy íntimo, quien vuelve a ser noticia por ser tan corrupto y siniestro que destaca incluso en Kiev.

Zelenski, "mordido" en público por una mujer

Y ahora Zelenski, el hombre que, al parecer, sería el presidente de Ucrania para siempre, acaba de ser mordido en público por una mujer. A juzgar por la feroz y claramente orquestada reacción de sus propagandistas mediáticos en Ucrania y por el hecho de que los principales medios de comunicación occidentales mayoritariamente fingen no haberlo notado, él también debe de estar sangrando.

La mujer es su exsecretaria de prensa, Yulia Méndel. Y ha sido capaz de hacerle sangrar (metafóricamente) porque Tucker Carlson, un peso pesado de los medios alternativos estadounidenses y disidente conservador del trumpismo, la entrevistó para su programa.

Eso ha hecho que la sangría fuera muy pública. Lo que Méndel ha tenido que decir es una cosa, pero su capacidad para alcanzar cifras asombrosas de estadounidenses y otros habitantes de Occidente es al menos tan importante como ello y, desde el punto de vista de Kiev, igual de frustrante: en varias plataformas, los programas de la Red Tucker Carlson (TCN) son vistos, en promedio, por más de 55 millones de espectadores, una cifra que empequeñece, por ejemplo, a las de Fox News (anterior empleador de Carlson), que tiene una audiencia de 3,2 millones en 'prime time'.

Recientemente, la guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán ha socavado aún más la confianza pública en los medios de comunicación convencionales y ha impulsado a TCN. El "crecimiento explosivo" en los dos primeros meses de la guerra ha producido más de 1.500 millones de "visualizaciones en plataformas de redes sociales y pódcasts". De hecho, TCN vive tal auge que se rumorea que Carlson es ahora un contendiente para la presidencia, y él no ha descartado presentarse.

Este es el amplificador del duro mensaje de Méndel a EE.UU. y Occidente. Es difícil imaginar uno más grande. Y menudo mensaje tenía que transmitir.

Revelaciones de Méndel sobre Zelenski

Consideremos algunos puntos destacados. Hablando, subrayó, como "una persona interna" por su propia experiencia cercana con Zelenski y el círculo íntimo de su régimen, Méndel dijo que cree que Zelenski está personalmente "detrás de muchos esquemas de lavado de dinero" y que siempre ha sido un "actor increíble" cuya imagen "frente a la cámara" es "muy diferente" de su verdadero yo.

Por ejemplo, mientras se presenta no solo como un demócrata, sino como un brillante epítome de la democracia y de todo lo bueno y hermoso –como el Estado de derecho, la libertad de expresión, la sociedad civil y la unidad nacional–, su verdadera opinión, repetida implacablemente a puertas cerradas, es, como sabemos gracias a Méndel, que "Ucrania no está lista para la democracia" y que "la dictadura también es un orden".

Para que luego digan los propagandistas de Zelenski en Ucrania y Occidente, que desacreditan a todos los que critican a su devastador régimen acusándolos de menospreciar a Ucrania o de no confiar en  la "voluntad" de los ucranianos de a pie. El que realmente desprecia a sus compatriotas como si estuvieran demasiado atrasados para gobernarse a sí mismos y necesitaran una mano fuerte (concretamente la suya) es, al parecer, Vladímir Zelenski. Y como señala acertadamente Méndel, eso también significa que él no simboliza la unidad ni la proporciona, sino que abusa de ella.

La profunda hipocresía de Zelenski permea su vida privada y su política. Méndel revela, por ejemplo, que, cuando Crimea ya estaba bajo control ruso, él seguía viajando a menudo a la península para divertirse con amigos y drogas. En diciembre de 2019, le dijo en privado al presidente ruso, Vladímir Putin, que Ucrania nunca se uniría a la OTAN. Mientras las calificaciones en las encuestas públicas de Zelenski siguen cayendo, las encuestas producidas para uso interno son tan malas que algunos de sus colaboradores incluso admiten en privado que es "inelegible".

Sin respeto por la verdad

Sin respeto por la verdad, la actitud de Zelenski hacia la realidad misma parece estar rota, incluso desequilibrada. A partir de sus propias conversaciones con él, Méndel informa que el líder de Ucrania cree que "no importa lo que esté sucediendo realmente". Las cosas, ha argumentado a puerta cerrada, se vuelven reales cuando lo dicen suficientemente a menudo suficientes propagandistas o, como ella lo cita, "miles de expertos televisivos". Teniendo en cuenta esta extraña perspectiva, es revelador y repugnante –pero en cierto modo también tristemente coherente–, que Zelenski, que es judío, haya exigido literalmente "propaganda" tipo "Goebbels" a su equipo de comunicaciones.

Más allá de un régimen despiadado y deliberado de mentiras y manipulación, también hay presión y coacción. Nuevamente, el catálogo de métodos dictatoriales y coercitivos de Zelenski es deprimente y plausible: desde amenazas hasta "sanciones" perfectamente ilegales impuestas a través del decreto personal de Zelenski, pasando por litigios estratégicos y procesos como castigo, hasta largas e indefinidas penas de prisión y el envío de críticos al frente como castigo, así como extraños accidentes letales. Zelenski y su régimen, como lo expresa Méndel, "no tienen límites". Su Gobierno ha establecido una situación que es "inhumana".

Méndel es creíble. Los propagandistas del régimen de Zelenski, en Ucrania y Occidente, la han difamado, como era de esperar, acusándola de ser, en efecto, un activo ruso, de reproducir "narrativas rusas" y, el peor de todos los pecados, de compartir los oscuros secretos de Kiev con Occidente. Porque –esta parece ser la lógica subyacente– Occidente debe compartir cientos de miles de millones con Zelenski y sus cómplices ultracorruptos, pero nadie tiene derecho a compartir la verdad sobre ellos con Occidente.

Un mal y el principal obstáculo para la paz

En realidad, la biografía de Méndel demuestra que es lo que afirma ser: una persona de dentro que ya ha tenido suficiente. Ha tenido una carrera "nacional" ejemplar y, si no se hubiera distanciado de Zelenski hace unos años, seguiría formando parte del entusiasta grupo que una vez causó un escándalo por empujar físicamente a periodistas para proteger a su antiguo jefe.

Incluso en la entrevista con Tucker Carlson, Méndel se ha asegurado de distinguir cuidadosamente entre lo que ha visto por sí misma y lo que sabe a partir de pruebas circunstanciales –extremadamente contundentes–, como el hecho de que Zelenski tiene un largo historial de consumo de cocaína.

Y aun así, Méndel –que no muestra ninguna simpatía hacia Rusia– considera a Zelenski un mal y el principal obstáculo para la paz en Ucrania. Esta paz, advierte, es la única alternativa a lo que ella llama estar "al borde de la extinción". Se refiere a esto de manera literal: hay muchos menos ucranianos en el país de los que admiten las estadísticas oficiales, quizás 25 millones, incluidos 11 millones de jubilados empobrecidos. La única forma de apoyar realmente a Ucrania, insiste Méndel, es "presionar por la paz".

Sin embargo, aquí es donde, lamentablemente, el aspirante a rey de Ucrania es diferente de los aventureros de Kipling. Ellos al menos no contaban con el apoyo del imperio en cuyos confines llevaban a cabo su esquema de manipulación masiva y autoenriquecimiento. Cuando sus súbditos perdieron sus ilusiones, cayeron.

Zelenski y su equipo, sin embargo, todavía disfrutan de un apoyo masivo y cínico por parte de Occidente, incluso aunque ahora sea Alemania y no Estados Unidos quien está al frente. Quizás el Gobierno de Zelenski y su maltrato hacia Ucrania y los ucranianos de a pie solo terminarán cuando pierda a sus últimos patrocinadores occidentales. Hasta entonces, Méndel puede hacerlos sangrar, pero los ucranianos por sí solos, parece, tendrán dificultades para deshacerse de ellos.

Las declaraciones, puntos de vista y opiniones expresados en este artículo son exclusivamente del autor y no representan necesariamente los de RT.

Por Tarik Cyril Amar, historiador y profesor asociado de la Universidad Koc de Turquía