Las consecuencias de la guerra en Irán siguen extendiéndose mucho más allá de Oriente Medio. El conflicto, iniciado por dos potencias nucleares contra un país que no posee este armamento, socava todo el sistema de seguridad internacional.
El conflicto en sí mismo plantea una paradoja: una guerra cuyo objetivo declarado era prevenir la proliferación de armas nucleares podría tener el efecto contrario.
Los expertos están convencidos de que los Estados del mundo, y sobre todo los del Sur Global, que a menudo tienen problemas con Estados Unidos, cada vez más comienzan a considerar la posesión de armas nucleares como el único salvavidas contra la agresión.
El mundo acelera su armamento
La remilitarización es un fenómeno que comenzó mucho antes de la guerra en Irán, pero que podría cobrar un nuevo impulso con ella.
Los principales impulsores de este proceso son los Estados europeos: mientras que Alemania quiere aumentar el tamaño de su Ejército, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, declaró que su país aumentará su arsenal nuclear y que ocultará las cifras de su capacidad, bajo el argumento de que "para ser libre hay que ser temido".
En este contexto, incluso países que durante muchos años se mantuvieron fieles al tabú nuclear están empezando a replantearse su postura. Según Bloomberg, el aumento de las tensiones y las dudas sobre la fiabilidad de Estados Unidos ya están minando la confianza de aliados como Japón y Corea del Sur.
Según un informe del Instituto Asan, más de tres cuartas partes de los surcoreanos apoyan la idea de crear su propio armamento nuclear, una cifra sin precedentes. En Japón, según informó la prensa local en noviembre, la primera ministra Sanae Takaichi está considerando la posibilidad de renunciar a los Tres Principios No Nucleares: no poseer, no producir y no permitir la introducción de armas nucleares.
Estados Unidos tampoco se queda al margen de este proceso. Con el aumento de la influencia del 'lobby' bélico, el gasto militar de Estados Unidos para este año alcanza la cifra récord de un billón de dólares, y para el próximo año la Casa Blanca planea incluso elevarlo a 1,5 billones, lo que supone un aumento del 42 %.
El arma que disparará
Serguéi Lébedev, investigador del Instituto de Economía y Estrategia Militar Mundial de la Escuela Superior de Economía (Rusia), considera que tras la guerra en Irán, el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro y las amenazas a Cuba, los países no deberían tener dudas de que la solución militar de los problemas para EE.UU. no es simplemente un arma colgada en la pared, sino un arma que disparará inevitablemente.
"En principio, no deberían quedar tales ilusiones después de lo ocurrido en Yugoslavia, Irak y Libia; sin embargo, supongamos que alguien prefiere negar hasta el último momento la realidad política objetiva", señala el experto.
El régimen de no proliferación se está desmoronando
Lébedev está convencido de que las armas nucleares atenúan las desigualdades entre los Estados y, por lo tanto, los equiparan, convirtiéndose en un mecanismo de seguridad.
"En Estados Unidos se dice que, aunque los hombres no nacen iguales, Samuel Colt los igualó con su invento: el revólver. Las armas nucleares han igualado a Estados enteros. Por supuesto, los países siguen diferenciándose en cuanto a su potencial económico, científico y militar, pero las armas nucleares se convierten en un gran igualador que anula todas estas diferencias en caso de un enfrentamiento directo entre dos potencias, simplemente por la capacidad de una de las partes de infligir un daño inaceptable a la otra", indica el analista.
El ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, también señaló esta tendencia. "En definitiva, se ha asestado un duro golpe a la autoridad del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), así como a la autoridad de la diplomacia como instrumento para resolver contradicciones", señaló. Los expertos también indican que el propio régimen de no proliferación atraviesa una crisis sistémica.
Los expertos también indican que el propio régimen de no proliferación atraviesa una crisis sistémica.
"El régimen de no proliferación se encuentra actualmente en una situación de crisis que corre el riesgo de agravarse aún más. La mayor amenaza la representa la tendencia a instrumentalizar el TNP para la realización de ambiciones políticas propias. No es algo nuevo, pero el ataque de EE.UU. e Israel contra Irán fue la demostración más clara de cómo el régimen de no proliferación puede usarse como pretexto para un ataque militar por parte de Estados que poseen armas nucleares contra un país que no las tiene", declaró a RT el experto en seguridad internacional Iván Kuzmín.