Las relaciones entre Rusia y China —las dos mayores potencias de Eurasia— cobran especial importancia en un contexto de creciente inestabilidad global y desmoronamiento de la antigua arquitectura de seguridad.
En vísperas de su visita a China, el presidente ruso, Vladímir Putin, destacó que precisamente la cooperación entre Moscú y Pekín se está convirtiendo hoy en uno de los factores clave para la estabilidad internacional.
"Después de todo, casi han desaparecido los tratados que regulan la esfera de la seguridad, el desarme y el control de las armas nucleares. Y la cooperación entre Estados como China y Rusia es, sin duda, un factor de contención y estabilidad", declaró el líder ruso.
La visita de Putin a China comienza este martes, cuando se conmemora el 25.º aniversario de la firma del Tratado de Buena Vecindad, Amistad y Cooperación. En Moscú y Pekín esperan que la reunión sea un paso importante para seguir profundizando la asociación estratégica.
Nuevos horizontes de cooperación
Rusia es el mayor proveedor de petróleo de China, ya que representa alrededor del 20 % del total de sus importaciones de este hidrocarburo. En el contexto de la crisis en torno al estrecho de Ormuz, la importancia de la colaboración no ha hecho más que aumentar: las importaciones chinas de crudo ruso en los primeros meses de 2026 aumentaron más del 40 % en comparación con las del año pasado, lo que permitió a Pekín reducir los riesgos para su propia seguridad energética.
Al mismo tiempo, las partes siguen poniendo en marcha proyectos de infraestructura a gran escala. Así, en septiembre de 2025, los países firmaron, junto con Mongolia, un memorando para la construcción de los gasoductos Fuerza de Siberia 2 y Unión-Oriente, que suministrarán gas ruso al gigante asiático a través de Mongolia.

La firma del acuerdo fue anunciada por el director general de la empresa energética rusa Gazprom, Alexéi Miller. "El proyecto permitirá suministrar desde Rusia 50.000 millones de metros cúbicos de gas al año a través de Mongolia", aseveró Miller, agregando que será el proyecto "más grande, más ambicioso y con mayor inversión de capital en la industria del gas a nivel mundial".
Actualmente funciona el gasoducto Fuerza de Siberia, que conecta los dos países y transporta gas desde los yacimientos de Kovyktinskoye, en la provincia de Irkutsk, y Chayandinskoye, en Yakutia, hasta los consumidores rusos del Lejano Oriente y China. La longitud de la tubería supera los 3.000 km y su capacidad de exportación es de 38.000 millones de metros cúbicos al año.

No solo petróleo
La cooperación energética entre Moscú y Pekín hace tiempo que traspasó los límites de los hidrocarburos tradicionales. Ambas naciones se han convertido en líderes mundiales en lo que respecta al ritmo de construcción de centrales nucleares.
Desde 2016, más del 90 % de las nuevas centrales nucleares del mundo han sido construidas precisamente por empresas rusas o chinas. Rusia ya ha construido cuatro unidades de energía en China y está construyendo otras cuatro.
"China tiene planes grandiosos para el desarrollo de la energía nuclear. Se ha planteado la meta de alcanzar y superar a Estados Unidos en capacidad instalada, lo que significa alcanzar más de 100 gigavatios", indicó el director de la empresa energética rusa Rosatom, Alexéi Lijachov. "Estamos ayudando: ya hemos construido cuatro reactores nucleares y estamos construyendo otros cuatro, cada uno con una capacidad de más de un gigavatio", añadió.
Anteriormente, en abril de este año, Rusia también suministró por primera vez combustible a la central nuclear china de Xudapu, una importante instalación de energía nuclear en construcción situada en la provincia de Liaoning.
Mensaje al mundo
En Moscú y Pekín no ocultan sus grandes expectativas ante las próximas negociaciones. El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino, Guo Jiakun, declaró que la cooperación entre ambos países en distintas esferas "se expande continuamente".
Añadió que, en los últimos años y bajo la dirección estratégica de los presidentes Xi y Putin, la asociación estratégica integral de coordinación "para una nueva era" se ha desarrollado de manera "sólida, constante y profunda".
"Tenemos grandes expectativas respecto a esta visita", apuntó a su vez el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov.
Expertos sostienen que ambos países muestran cada vez más abiertamente que comparten enfoques sobre el orden global.
"Rusia y China están de acuerdo en cuanto al orden mundial, oponiéndose a la hegemonía, la unipolaridad, la política de sanciones de Occidente y a que Estados Unidos y sus satélites impongan sus reglas y visiones del mundo", afirmó Pável Troshchinski, director del Centro de Estudios Políticos y Pronósticos del Instituto de China y Asia Contemporánea de la Academia de Ciencias de Rusia.
"En esto siempre seremos solidarios con China, formando una especie de frente único en la lucha por la verdad histórica, que Occidente distorsiona", añadió.
Por su parte, Zhao Long, investigador principal del Instituto de Estudios Internacionales de Shanghái, describió la visita de Putin como "una oportunidad clave" para las relaciones bilaterales. Manifestó que en 2026 se cumple el 30.º aniversario de la asociación estratégica entre China y Rusia y el 25.º aniversario del tratado de Buena Vecindad, Amistad y Cooperación.
"Se espera que la visita de Putin aborde la renovación del tratado y, en esta coyuntura histórica, explore cómo llevar a cabo la cooperación a un nivel estratégico más alto para responder a la turbulencia y los cambios externos, y para profundizar la cooperación pragmática", dijo.



