¿Qué le puede costar a Trump reanudar los ataques contra Irán?

Una nueva escalada contra Teherán no solo podría fracasar militarmente, sino también desencadenar represalias capaces de golpear la economía global, la infraestructura digital del Golfo e incluso intereses vinculados al propio presidente de EE.UU.

Donald Trump amenaza cada vez con más frecuencia con reanudar los ataques contra Irán. Ayer declaró que los aliados de EE.UU. en el golfo Pérsico le habían pedido que no se precipitara con una nueva campaña militar, por temor a las consecuencias para la región.

El propio Trump reconoció el martes que Washington estaba "a una hora" de iniciar nuevos ataques. Según él, una nueva ronda de escalada podría comenzar ya a finales de la semana.

En este contexto, analistas advierten: una nueva ronda del conflicto corre el riesgo de ser aún más destructiva, mientras que la capacidad de EE.UU. para lograr sus objetivos únicamente mediante bombardeos suscita cada vez más dudas.

El principal error

Expertos consideran que la idea de volver a los ataques pone de manifiesto el fracaso de la estrategia anterior de presión sobre Teherán.

"En primer lugar, debemos reconocer que reanudar la guerra equivale a admitir que la anterior estrategia de escalada de Trump —el bloqueo del bloqueo— ha fracasado. Eso, a su vez, era en sí mismo una admisión de que la guerra había fracasado. Lo cual era una admisión de que las amenazas de guerra de enero habían fracasado", señala Trita Parsi, vicepresidente ejecutivo del Instituto Quincy para la Gobernanza Responsable.

Según el especialista, el mero enfoque, centrado en la búsqueda de una palanca que pueda obligar a Irán a capitular, constituye un grave error por parte de Washington. "Hay una patología en la política estadounidense hacia Irán que trasciende las administraciones y las afiliaciones partidistas: la búsqueda incesante de una bala de plata que escale el conflicto, ponga a Irán de rodillas, lo obligue a capitular y permita a Estados Unidos afirmar su dominio como superpotencia y evitar un compromiso con la República Islámica. A lo largo de 47 años, la búsqueda de esta legendaria bala de plata ha resonado, pero nada responde", afirma.

El profesor de la Universidad de Chicago John Mearsheimer comparte una opinión similar. "El presidente ha estado hablando recientemente con dureza sobre volver a bombardear a Irán y destruir efectivamente el país. Pero la campaña inicial de bombardeos de 40 días fracasó y hay pocas razones para pensar que una nueva campaña de bombardeos llevará a Irán a capitular. Además, Irán tiene capacidad de segundo golpe que seguramente causará un daño aún mayor a la economía internacional. Y luego está el tema de las reservas cada vez más escasas de armas de alta tecnología de EE.UU.", apuntó.

La respuesta de Irán podría ser mucho más dura

Ante las amenazas procedentes de Washington, en Teherán se insinúa cada vez con mayor frecuencia que un nuevo conflicto podría ir mucho más allá de la habitual confrontación militar.

Los analistas advierten que los centros de datos y la infraestructura tecnológica de los países del golfo Pérsico podrían ser blanco de ataques, sobre todo las instalaciones relacionadas con los gigantes estadounidenses de la tecnología de la información y los sistemas de inteligencia artificial.

El Ejército de EE.UU. está incorporando cada vez más capacidades avanzadas de IA en sus sistemas de apoyo a la toma de decisiones. Además, el Golfo es uno de los principales destinatarios de la inversión tecnológica estadounidense, por lo que el ataque también podría tener un efecto simbólico dirigido al núcleo de esa cooperación.   

La infraestructura de IA, como los centros de datos, es una parte cada vez más importante del liderazgo estadounidense en la región, y esta guerra podría poner en peligro el futuro de dicha infraestructura en el Golfo. 

Trita Parsi también señala que en la nación persa se considera que la familia de Trump tiene vínculos financieros con varios proyectos similares. 

"Teherán cree que Trump y su familia tienen intereses financieros en muchas de estas mismas empresas tecnológicas. Atacar los intereses comerciales personales de Trump es una carta que Irán evitó claramente jugar durante el primer conflicto, pero que ahora parece cada vez más dispuesto a emplear. La lógica es sencilla: Trump puede tolerar que se perjudiquen los intereses estratégicos estadounidenses, pero es extremadamente sensible a las amenazas contra su propio imperio financiero", señala el experto.

Una nueva carta

En el contexto de las amenazas en Irán, también se hace cada vez más patente la advertencia de cobrar por el uso de los cables de fibra óptica que se encuentran en el fondo del estrecho de Ormuz, los cuales conectan a la región con la red global y son responsables de una parte significativa de las transacciones financieras.

"Impondremos tasas a los cables de Internet", declaró el portavoz militar iraní Ebrahim Zolfaghari en X la semana pasada.

Aunque Irán no amenace abiertamente con atacar la infraestructura submarina, cuenta con los medios necesarios para llevar a cabo este tipo de operaciones —desde buzos de combate hasta drones subacuáticos y pequeños sumergibles—, asevera Alan Mauldin, director de investigación de TeleGeography, una empresa de investigación en telecomunicaciones, y añade que cualquier ataque podría desencadenar una "catástrofe digital" en cadena, que afectaría a varios continentes.

La conexión a Internet y los sistemas bancarios de los países del golfo Pérsico podrían verse amenazados. El experto apunta que el estrecho de Ormuz es un corredor digital clave entre centros de datos asiáticos, como Singapur, y algunas estaciones de aterrizaje de cables en Europa. Además, cualquier interrupción podría ralentizar las operaciones financieras y las transacciones transfronterizas entre Europa y Asia, mientras que algunas zonas de África Oriental podrían sufrir cortes de Internet. El daño podría ser mucho mayor si los hutíes yemeníes tomaran una medida similar y atacaran otros cables en el mar Rojo.