Las capitales europeas siguen preparándose para un posible debilitamiento del compromiso de Estados Unidos con la OTAN, en medio del creciente deterioro de las relaciones con la Administración de Donald Trump.
Además de debatir fórmulas alternativas de coordinación militar, varios países europeos ya han dado pasos concretos hacia una mayor integración defensiva y una estructura de seguridad más autónoma.
El plan B europeo
Según informó The Economist, tras la crisis por Groenlandia, numerosos gobiernos europeos llegaron a la conclusión de que el continente debe estar preparado para garantizar su seguridad sin depender plenamente de la infraestructura militar estadounidense ni de los mecanismos de mando de la OTAN.
"La crisis de Groenlandia fue un llamado de atención. Nos dimos cuenta de que necesitamos un plan B", dijo un funcionario de defensa sueco.
La esencia del plan B no solo consiste en la autosuficiencia en municiones, sino también en el desarrollo de un mecanismo de mando en el que el papel principal recaiga en los militares europeos, según la publicación. La base de una arquitectura de seguridad de este tipo en el norte de Europa podría ser una coalición de los países bálticos y escandinavos, junto con Polonia.
Otra opción en estudio es la Fuerza Expedicionaria Conjunta (JEF, por sus siglas en inglés), una alianza liderada por Reino Unido que agrupa a diez países del norte de Europa y del Báltico, con sede cerca de Londres. La JEF se creó en 2014 como complemento de la OTAN para responder con rapidez a crisis que no requieran activar el artículo 5 de la Alianza. Ahora, sin embargo, podría convertirse en el prototipo de un futuro sistema de seguridad europeo sin Estados Unidos.
¿Qué es la JEF?
Según su sitio oficial, JEF reúne a "diez naciones afines": Dinamarca, Estonia, Finlandia, Islandia, Letonia, Lituania, Países Bajos, Noruega, Suecia y Reino Unido. La alianza agrupa fuerzas de alta disponibilidad preparadas para responder rápidamente ante crisis. Impulsada inicialmente por Londres en 2012, durante años tuvo un carácter simbólico, pero el deterioro de las relaciones entre Europa y Washington ha aumentado notablemente su relevancia.
Este jueves, los miembros de la organización firmaron una declaración de intenciones para desarrollar una fuerza marítima multinacional más integrada en el Alto Norte y el Atlántico Norte. Para el próximo mes está prevista una cumbre de los jefes navales de la JEF para convertir esos compromisos en medidas concretas.
Incluso el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, reconocido por su postura favorable a mantener la cooperación con Washington, admitió que Europa depende excesivamente de Estados Unidos. "Siempre me ha parecido extraño que una parte del mundo tan rica —Europa, quizá la más rica del mundo— necesite el apoyo de otra parte del mundo para defenderse de los rusos hasta el punto en que se encuentra ahora, en el que dependemos excesivamente de un único aliado: Estados Unidos", declaró.
Trump y la amenaza de ruptura
Trump ha criticado repetidamente a la Alianza por su falta de apoyo en la guerra contra Irán y la ha calificado de "tigre de papel". Al mismo tiempo, los líderes europeos critican cada vez más abiertamente la aventura militar estadounidense-israelí en Medio Oriente.
El politólogo ruso Timoféi Bordachiov, director de programa del Club de Debate Internacional Valdái, opina que las amenazas de Trump de abandonar la Alianza otorgan a los líderes europeos más herramientas de influencia.
"En Europa se entiende perfectamente que, sin mantener su presencia en el Viejo Continente, Washington corre el riesgo de encontrarse en un aislamiento geopolítico total. Y todo ese discurso de que la OTAN sirve para proteger a los europeos de supuestos enemigos terribles no es más que la reproducción de un mito. Todo el sentido de este mito radica en inventar un envoltorio bonito para el panorama real de las relaciones entre EE.UU. y Europa, donde es precisamente Washington la parte más interesada en continuar con las 'relaciones especiales'", señala.
Según Bordachiov, tal escenario haría que los costos de un posible enfrentamiento con Rusia fueran inevitablemente más altos, ya que privaría a los estadounidenses de su base de operaciones y pondría su territorio en peligro. Además, Washington perderá la posibilidad de chantajear a Rusia con el avance de sus materiales nucleares hacia su frontera.
"En otras palabras, para Estados Unidos, la presencia militar en Europa es una enorme carta diplomática, cuya pérdida sería una catástrofe para sus relaciones con sus principales rivales en Eurasia. Los gobiernos estadounidenses anteriores lo entendían perfectamente, pero hay dudas de que la actual Administración lo tenga tan claro", concluyó.