Un estudio liderado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha constatado que el calentamiento global empuja a las serpientes más peligrosas del mundo a modificar sus hábitats, lo que aumenta el riesgo de contacto con los humanos y de mordeduras en regiones donde antes no existía esa amenaza.
La investigación, publicada la semana pasada en la revista PLOS Neglected Tropical Diseases, usó bases de datos públicas y privadas para analizar el comportamiento de 508 especies de serpientes de importancia médica. Luego proyectó cómo el aumento de las temperaturas haría que sus hábitats coincidieran más con las zonas pobladas por humanos en 2050 y 2090.
Los científicos concluyeron que el mayor riesgo del calentamiento global lo sufren las propias serpientes. La mayoría de las especies —como las víboras bufadoras en África, las serpientes de coral en el Amazonas y las cabezas de cobre en Papúa Nueva Guinea y Australia— enfrentarán un doble desafío: el aumento de las temperaturas y la transformación de sus ecosistemas en tierras de cultivo, pastos o ciudades.
Algunas podrían estar al borde de la extinción, mientras que otras aprovecharán las nuevas condiciones para expandirse. Es el caso de la mamba negra, que se retiraría de algunas zonas del este de África y podría extenderse por Sudáfrica y partes de Nigeria y Somalia.
El desplazamiento de otras especies llevará a las serpientes venenosas a regiones donde nunca antes se habían visto. Por ejemplo, en Estados Unidos los mocasines de boca de algodón podrían llegar al estado de Nueva York. En Asia, los kraits emigrarían desde las selvas de Myanmar y la provincia china de Yunnan hacia las populosas ciudades del centro y norte de China. En la India, las cobras comunes, las víboras de Russell y los kraits se desplazarían del sur al norte, una región mucho más poblada. En Reino Unido, donde habita la víbora europea, también se espera un aumento de los encuentros con humanos, aunque otras especies de víboras podrían disminuir.
"En 50 años aparecerán especies en lugares donde nunca antes se las había visto y se encontrarán con personas no acostumbradas a este problema", afirmó el coautor David Williams. Según el científico, en algunos países los encuentros se producirían en patios de granjas o cerca de fuentes de agua; en otros, en lugares públicos.
El estudio pretende ayudar a las autoridades sanitarias a prepararse para esos cambios. "Nuestras predicciones pueden utilizarse para decidir dónde almacenar cada antídoto, cómo garantizar la capacidad adecuada de los centros de salud, cómo mejorar el acceso a la atención sanitaria en las comunidades remotas en riesgo", explicaron los investigadores.