Un nuevo estudio de la Escuela Rosenstiel de Ciencias Marinas, Atmosféricas y Terrestres de la Universidad de Miami (EE.UU.) descubrió que las bacterias intestinales de los peces pueden trabajar junto con estos animales para generar una forma de carbonato de calcio, informa SciTechDaily.
Este compuesto mineral resulta fundamental para el equilibrio químico del océano y actúa como un depósito crucial para capturar carbono.
Los peces óseos o teleósteos consumen agua marina continuamente para evitar la deshidratación, y en este proceso sus intestinos filtran y desechan el exceso de calcio y carbonato, expulsándolos como gránulos sólidos llamados ictiocarbonatos.
Bacterias y carbonato
Para estudiar este fenómeno, el equipo analizó al pez sapo del Golfo en tres entornos: agua salobre (9 ppt), agua de mar (35 ppt) y agua hipersalina (60 ppt).
Más adelante, se recolectaron muestras de agua, ictiocarbonatos y diferentes áreas del intestino de la especie. Mediante la extracción y secuenciación de ADN y ARN, los científicos identificaron las bacterias presentes y analizaron su actividad genética para entender sus funciones.
Así, descubrieron una alta concentración de bacterias del género 'Vibrio', sobre todo de la subespecie 'Photobacterium damselae subsp. damselae', en el sistema digestivo de los peces y en los ictiocarbonatos. Los estudios de ADN confirmaron que tales microorganismos cuentan con características vinculadas directamente al proceso de creación de este mineral.
Los resultados también revelaron que los peces en agua de baja salinidad no generaron ictiocarbonatos, mientras que su producción comenzó en el agua de mar y aumentó notablemente en el ambiente más salado.
¿Cambio de paradigma?
Antes de la investigación, la comunidad científica pensaba que la formación de ictiocarbonato era un proceso que dependía solo de la fisiología del pez.
Sin embargo, los nuevos hallazgos demuestran que los microbios no son simples habitantes del intestino, sino que colaboran de forma activa con el animal en la creación de estos minerales. El descubrimiento aporta una visión inédita sobre el impacto de los ecosistemas marinos en la química del océano y el ciclo del carbono.
De confirmarse estos datos en próximos estudios se demostraría que los microorganismos internos de los peces participan en procesos de almacenamiento de carbono y regulación ambiental a una escala mucho más grande de lo imaginado.



