Un estudio internacional liderado por la Escuela Politécnica Federal de Zúrich (ETH) revela que el volcán de Metana, en Grecia, que parecía inactivo desde hacía más de 100.000 años, estuvo en realidad acumulando magma de forma casi continua en profundidad.
Para reconstruir la historia interna del volcán, los investigadores analizaron más de 1.250 cristales de circón formados en los reservorios magmáticos a lo largo de 700.000 años. Estos minerales actúan como cajas negras naturales, registrando cuándo y en qué condiciones se cristalizaron. Los datos muestran períodos de actividad eruptiva intercalados con una fase silenciosa excepcionalmente larga, superior a 100.000 años.
El trabajo indica que el magma que alimenta la cámara superior de Metana es inusualmente rico en agua debido a la subducción de una placa tectónica que arrastra sedimentos oceánicos y fluidos hacia el manto terrestre. A medida que este magma asciende por la corteza, se satura de agua, forma burbujas y cristaliza, volviéndose más viscoso y perdiendo movilidad.
Modelos físicos y termodinámicos muestran que este proceso puede frenar su ascenso hasta impedir que alcance la superficie, de modo que un mayor aporte de magma en profundidad puede traducirse, paradójicamente, en menos erupciones.
Una amenaza subestimada
Los autores apuntan que este tipo de magma altamente hidratado podría ser común en muchos volcanes de zonas de subducción en el mundo, desde el Mediterráneo hasta el Cinturón de Fuego del Pacífico. La consecuencia, subrayan, es que prolongados períodos sin erupciones no deben interpretarse como garantía de seguridad.
El estudio alerta de que esta dinámica tiene consecuencias directas para la gestión del riesgo volcánico. Muchos volcanes que no han registrado erupciones en decenas de miles de años son clasificados como extintos y apenas se vigilan, a pesar de que podrían seguir acumulando magma y representar una amenaza subestimada.
Los científicos instan a las autoridades de países con numerosos volcanes de subducción –entre ellos Grecia, Italia, Indonesia, Filipinas, Japón y varios países del continente americano– a revisar el estatus de estos edificios volcánicos y a reforzar su vigilancia mediante redes sísmicas, mediciones de deformación del terreno, controles de gases y estudios geofísicos que permitan obtener imágenes detalladas de los reservorios magmáticos ocultos.


