El Pentágono ha sido acusado de minimizar deliberadamente la gravedad de las lesiones sufridas por militares estadounidenses durante un ataque de drones iraníes contra una base en Kuwait el pasado 1 de marzo, en la que según los datos oficiales murieron seis militares y más de 20 resultaron heridos.
En una investigación de CBS News, varios soldados heridos y sus familias afirman que las autoridades militares clasificaron como "menores" o "no graves" heridas que incluían metralla, traumatismos craneoencefálicos, pérdida de visión y daños pulmonares, ocultando así la verdadera magnitud de las bajas.
Los testimonios de dos de los heridos ilustran la magnitud del desfase. El suboficial mayor Rodney Bearman, de 57 años, arrastra pérdida de audición y visión, además de lesiones pulmonares; el sargento Cory Hicks, de 37, fue sometido a varias cirugías de urgencia por metralla. Ambos fueron clasificados oficialmente como "no gravemente heridos".
Un representante del Ejército, por su parte, ha defendido los protocolos aplicados, explicando que términos "gravemente herido" o "muy gravemente herido" se aplican solo en los casos en que existe riesgo de muerte en un plazo de 72 horas.