EE.UU. está reduciendo su apoyo a los países europeos de la Alianza Atlántica por temor a un conflicto directo con Rusia, informa el medio británico The Economist. Según el reporte, desde la Administración Trump insinúan que "no lucharán por los Estados bálticos" y plantean "preocupaciones sobre el riesgo de escalada si la OTAN despliega misiles que puedan atacar zonas profundas en territorio ruso".
Recortes sobre el terreno
La publicación señala que la postura general de Washington se percibe cada vez más como "antieuropea". Este distanciamiento en la política exterior ya se traduce en medidas tangibles sobre el terreno: el Pentágono ha recortado el despliegue de sus efectivos en el continente, pasando de unos 100.000 a cerca de 80.000 soldados.
Asimismo, se detalla que Washington canceló el despliegue previsto en Alemania de una unidad provista de misiles de crucero Tomahawk, al tiempo que el Pentágono retrasa los pedidos Berlín de este armamento.
Esta línea de Washington se desarrolla ante los temores de los países bálticos de la OTAN de un eventual ataque a la región, indica el medio. No obstante, desde Moscú en repetidas ocasiones han reiterado que Rusia no tiene intención de atacar a Europa y han denunciado las tendencias abiertamente rusófobas de los miembros europeos de este bloque militar.
Pese a que las naciones europeas y la Alianza incrementan su gasto militar destinando tropas hacia el este —como el reciente redespliegue de la 45.ª Brigada Panzer de Alemania hacia Lituania para custodiar el estratégico corredor de Suwalki, que une a los países bálticos con Polonia—, la capacidad real de respuesta continental está en duda.
Dependientes del Pentágono
En este sentido, The Economist cita un informe del Instituto de Kiel, con sede en Alemania, que revela que las naciones de Europa siguen siendo "estratégicamente dependientes de EE.UU. en toda la cadena de operaciones militares". Agrega que carecen de base logística propia para sostener un conflicto, dependiendo del "sistema operativo" del Pentágono que incluye inteligencia, satélites de vigilancia y defensa antiaérea.
Según el artículo, los actuales planes de Washington se enmarcan en un esquema denominado "OTAN 3.0". Bajo esta estrategia, exige que las naciones europeas aumenten el gasto militar y asuman el liderazgo de su propia defensa frente a un conflicto convencional, mientras que EE.UU. se limitaría a proporcionar únicamente un paraguas nuclear.
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