La clave para predecir la supervivencia tras un infarto podría estar en una sencilla prueba de sangre

En un estudio con más de 200 pacientes, los investigadores observaron que cuanto mayor fuese la cantidad de células inmunitaras inmaduras en sangre, mayor es el riesgo de muerte a corto plazo tras un infarto.

Una simple prueba de sangre que mide el grado de maduración de los neutrófilos —un tipo de glóbulo blanco que actúa entre las primeras defensas del organismo— podría ayudar a predecir las probabilidades de supervivencia de pacientes que han sufrido un infarto grave, según un estudio dirigido por la Universidad de Münster (Alemania).

Durante un infarto, el cuerpo libera desde la médula ósea al torrente sanguíneo no solo neutrófilos maduros, sino también formas inmaduras de estas células, conocidas como preneutrófilos. Este fenómeno se observa especialmente en los casos más graves, como el infarto de miocardio con elevación del segmento ST, cuando una arteria coronaria queda completamente bloqueada.

En la investigación, publicada en Nature Cardiovascular Research, los científicos analizaron muestras de más de 200 pacientes que habían sufrido un infarto, un derrame cerebral o insuficiencia cardíaca. Al estudiar el grado de maduración de los neutrófilos, comprobaron que cuanto mayor fuese la cantidad de estas células inmaduras, mayor sería el riesgo de muerte a corto plazo.

Un mejor predictor de muerte

El investigador Mathis Richter explicó que los preneutrófilos pueden detectarse mediante "un simple hemograma diferencial", una prueba de laboratorio disponible en casi todos los hospitales y que identifica estas células como granulocitos neutrófilos inmaduros.

Según el estudio, este indicador resultó ser un mejor predictor del riesgo de muerte en los primeros 30 días tras un infarto que otros biomarcadores ya conocidos. Los especialistas creen que el hallazgo podría ayudar a detectar con rapidez a los pacientes con mayor riesgo al llegar al hospital y permitir un seguimiento más exhaustivo, aunque subrayan que aún hacen falta más estudios antes de incorporarlo de forma rutinaria a la práctica clínica.

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