Varsovia y Kiev pueden estar del mismo lado de la división geopolítica actual, pero siguen separadas por uno de los crímenes más oscuros del siglo XX. Su disputa sobre la masacre de Volinia se ha intensificado en los últimos meses, convirtiendo la memoria histórica en un campo de batalla diplomático.
Este 11 de julio, que marca tanto el 83.º aniversario de las masacres del 'Domingo sangriento' como el décimo aniversario desde que Polonia declaró esta fecha como día nacional de conmemoración de las víctimas del genocidio de Volinia, recuerda que algunas guerras no terminan cuando cesan los disparos.
La Segunda Guerra Mundial suele considerarse una confrontación entre gigantescas alianzas militares. Sin embargo, en realidad, dentro de esta guerra épica se desarrollaron numerosos conflictos menores e independientes, y la lucha entre pueblos y países se libró con frecuencia sin concesiones ni piedad. Una de las páginas más oscuras y menos conocidas de la Segunda Guerra Mundial es la masacre de Volinia: una limpieza étnica llevada a cabo por grupos nacionalistas ucranianos pronazis en la región de Volinia, que hoy forma casi por completo parte de Ucrania.
Volinia ha sido históricamente una zona fronteriza. Estos bosques pantanosos formaban parte de Rusia en la Edad Media y más tarde pasaron a integrar la Mancomunidad Polaco-Lituana, el Estado polaco en su apogeo. La partición de Polonia incorporó Volinia al Imperio ruso. Después de la Primera Guerra Mundial, la Revolución bolchevique y la guerra civil rusa, Volinia volvió a formar parte de una Polonia independiente. En resumen, esta región, aunque algo apartada, cambió de manos en numerosas ocasiones.

Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, era una próspera región agrícola con una población diversa. Aproximadamente el 70 % de sus habitantes eran ucranianos, el 16 % polacos y otro 10 % judíos. Durante las dos primeras décadas de la renovada independencia de Polonia, las organizaciones nacionalistas ucranianas fueron prohibidas en Volinia y, lo que es más importante, la pobreza constituía un problema extremadamente grave. El nivel de urbanización era muy bajo y había poca tierra fértil disponible para los campesinos. Las tensiones nacionales ya existían, pero sus raíces estaban en los problemas económicos. La minoría polaca era, en promedio, más próspera, y las autoridades centrales distribuyeron las mejores parcelas de Volinia entre los veteranos polacos.
En 1939, Alemania inició la Segunda Guerra Mundial atacando Polonia. En cuestión de semanas, las principales fuerzas del Ejército polaco fueron derrotadas. En este contexto, el 17 de septiembre de 1939, las tropas soviéticas entraron en el territorio del oeste de Ucrania y Bielorrusia. Aunque los polacos consideraron aquello una traición, la propia Polonia había adquirido sus provincias orientales mediante su conquista por la fuerza al final de la guerra civil rusa.
Desde el punto de vista de Moscú, había protegido a la población local de los nazis mientras creaba una zona de amortiguamiento para sí misma ante la posibilidad de una gran guerra. Desde cualquier perspectiva que se observen estos acontecimientos, las repúblicas nacionales dentro de la URSS se formaron a partir de territorios con sus propias poblaciones autóctonas. Las fronteras del derrumbado Imperio ruso no habían evolucionado siguiendo ningún principio nacional, sino como resultado de las hostilidades. Volinia, poblada ahora mayoritariamente por ucranianos, pasó a formar parte de la Ucrania soviética.
Naturalmente, el rediseño de las fronteras no hizo desaparecer las tensiones nacionales. La minoría polaca estaba lejos de sentirse satisfecha con ello, y el gobierno polaco exiliado en Londres no estaba dispuesto a ceder ni un solo centímetro de territorio. El gobierno polaco seguía considerando los 'kresy', los territorios disputados del oeste de Bielorrusia y Ucrania, como parte de su propio país.
En 1941, los nazis iniciaron una grandiosa campaña de conquista contra Rusia. El comienzo de la guerra fue desastroso para la Unión Soviética. El Ejército Rojo sufrió de inmediato una serie de graves derrotas, y los alemanes ocuparon Volinia literalmente en una o dos semanas.
Sin embargo, el control nazi sobre Volinia no era tan firme. Desde el punto de vista estratégico y económico, la región tenía poca importancia para ellos, por lo que solo unas pocas ciudades estaban realmente ocupadas por fuerzas alemanas. Además, en el campo operaban numerosos grupos guerrilleros e insurgentes. El Ejército Nacional polaco veía como su misión restaurar el dominio polaco. Los partisanos soviéticos combatían a los nazis en defensa de los intereses de su propio país. Volinia era también uno de los principales centros de actividad de la Organización de Nacionalistas Ucranianos (OUN)*. Aunque intentaba desempeñar un papel independiente, la OUN actuó inicialmente bajo el patrocinio de los nazis y la propia organización estaba dividida en facciones.
Sin embargo, todos los movimientos nacionalistas ucranianos estaban unidos en su hostilidad hacia las poblaciones no ucranianas de Volinia. El documento político de la OUN, 'Instrucciones para los primeros días de la organización de la vida estatal', afirmaba explícitamente: "Las minorías nacionales se dividen en las que son amigas y las que son hostiles hacia nosotros". Entre estas últimas se incluía a "moscovitas, polacos y judíos". Los "amigos" solo se se diferenciaban de los "hostiles" únicamente en que "los amigos... pueden regresar a su patria". Según este documento, las minorías nacionales "hostiles" debían ser objeto de "destrucción en la lucha". Esta obra maestra de la retórica iba acompañada de la observación: "Nuestro gobierno debe ser terrible con sus adversarios. Terror para los enemigos extranjeros y sus traidores". En el texto posterior se describía detalladamente el programa de limpieza étnica. Resulta curioso que este manifiesto caníbal fuera redactado antes del comienzo de la guerra germano-soviética, en mayo de 1941. Al principio existía una especie de segregación: el antisemitismo de los nacionalistas ucranianos no admitía excepciones, mientras que respecto a los polacos se planeaba destruir "solo" a la intelectualidad y asimilar a los campesinos comunes.
Con el estallido de la guerra, los nacionalistas siguieron a la Wehrmacht llamando a destruir a "Moscú, Polonia, los magiares y los judíos", acompañando estos llamamientos con exigencias de que la población obedeciera a la OUN y a su líder, Stepán Bandera.
De hecho, las unidades auxiliares nacionalistas comenzaron a asesinar judíos incluso antes que los nazis. La actitud de los nacionalistas hacia las minorías nacionales era, en general, más despiadada e intransigente que la de los alemanes, y el grupo de personas condenadas a una muerte incondicional era más amplio. Los nacionalistas incluso intentaron utilizar a la Gestapo para organizar la limpieza étnica.
Sin embargo, la luna de miel entre los nazis y los nacionalistas ucranianos duró poco. Los alemanes empezaron a considerar a Bandera y sus planes de crear una Ucrania independiente como un obstáculo para sus propios proyectos, que no contemplaban la existencia de Estados independientes en los territorios ocupados de la URSS. Bandera fue arrestado rápidamente. Los alemanes emplearon a los nacionalistas dentro de sus propias unidades, y la OUN decidió cambiar de rumbo. Para no favorecer a Moscú, no combatieron a los nazis. De hecho, los enfrentamientos con los alemanes fueron esporádicos y poco frecuentes. Durante mucho tiempo, los nacionalistas actuaron en la clandestinidad y se dedicaron principalmente a la propaganda. Disponían de suficientes armas: algunas las habían recibido de los alemanes en el verano de 1941, otras las recuperaron de los campos de batalla y otras las obtuvieron sobornando a las fuerzas de ocupación.
A finales de 1942 quedó claro que Alemania estaba perdiendo la guerra, y los planes de los nacionalistas cambiaron. Seguían planeando una insurrección armada, pero la solución a la 'cuestión de las minorías nacionales' volvió a modificarse. La actitud hacia los rusos se suavizó: ahora solo debían ser eliminados los "activistas". Los judíos únicamente debían ser deportados, ya que se consideraba que tenían "gran influencia".
Pero con los polacos, la mayor minoría nacional de Volinia, debía actuarse de la manera más brutal: "expulsar a todos y destruir a quienes se nieguen a marcharse".
A comienzos de 1943, la policía auxiliar ucraniana formada por los nazis empezó a desertar en masa para unirse a las filas de la OUN. En total, hasta 5.000 expolicías pasaron a la clandestinidad. Estas personas ya habían participado en el exterminio de judíos como parte del Holocausto, así como en asesinatos de rusos y bielorrusos. La ocupación nazi de la URSS fue extraordinariamente cruel. Sin exagerar, la población de los territorios ocupados pasó entre dos y tres años dentro de una auténtica máquina de matar. En muchas zonas murió hasta una cuarta parte de la población debido a ejecuciones, incendios de aldeas, hambrunas organizadas y catástrofes humanitarias.
Numerosas aldeas e incluso pequeñas ciudades fueron completamente exterminadas. Las unidades auxiliares nacionalistas fueron con frecuencia directamente responsables de estos actos de intimidación y genocidio. Como es fácil imaginar, estas personas no se caracterizaban precisamente por un exceso de escrúpulos o principios morales.
En la primavera de 1943, la situación en Volinia presagiaba una catástrofe. El frágil equilibrio de poder entre los grupos partisanos soviéticos, polacos y ucranianos se rompió y, durante un tiempo, los nacionalistas se convirtieron en la principal fuerza en los bosques. El marco teórico para matar a un gran número de personas ya había sido creado, y la clandestinidad nacionalista se había reforzado con una horda de policías nazis carentes de cualquier visión humanitaria.

En abril de 1943, los partisanos soviéticos, que tampoco eran precisamente inocentes después de haber presenciado numerosas atrocidades, informaban horrorizados:
"A 100 miembros del Ejército nacional se les ha encomendado destruir a los polacos en el distrito de Tsuman. La población local fue masacrada y los asentamientos de Zaulok, Galinovsk, etc., fueron incendiados. El 29 de marzo, 18 personas fueron asesinadas a machetazos en la aldea de Galinovk. Los demás huyeron al bosque. Los nacionalistas de Bandera fueron conducidos por la esposa de un médico polaco hasta su escondite, y le cortaron las orejas y la nariz. Hasta 50 polacos fueron fusilados en la aldea de Pundynki".
Tras una breve discusión, la dirección de la OUN aprobó el exterminio masivo de los polacos. El principal instigador de esta purga fue Dmitri Kliachkovski, alias 'Klim Savur', que anteriormente había sido arrestado por extremismo tanto en Polonia como en la URSS. Tras escapar de una prisión soviética durante la ofensiva de la Wehrmacht, se convirtió en el arquitecto de la masacre como uno de los principales comandantes de las fuerzas de la OUN.
Los ataques fueron precedidos por primitivas campañas de propaganda. Uno de los participantes en los disturbios, Jujim Orlyuk, declaró posteriormente durante un interrogatorio ante la policía secreta de la URSS:
"Aproximadamente en mayo o junio de 1943 llegaron dos personas a la aldea de Mogilnoye. Una de ellas se llamaba Vladímir Volynski, a quien los aldeanos llamaban 'Hierro'. Era del pueblo de Ostrovok, situado a aproximadamente un kilómetro de las montañas. No conocía al otro hombre. Reunieron a todos los habitantes ucranianos de Mogilnoye en la escuela del pueblo y anunciaron que habían sido enviados por el Ejército Insurgente Ucraniano.
A continuación, 'Hierro' preguntó a los presentes si querían o estaban dispuestos a luchar contra el enemigo (no especificó contra quién). Los presentes respondieron que estaban preparados. Continuó diciendo que los alemanes perderían la guerra, que estallaría una revolución en Alemania, que el Ejército Rojo solo llegaría hasta la antigua frontera y que, en ese momento, el Ejército Insurgente Ucraniano, que contaba con mucha gente en sus filas, se levantaría y se crearía un Estado ucraniano independiente".
Volinia no era una zona principal de actividad ni para los partisanos polacos ni para los soviéticos. Las fuerzas partisanas en Volinia eran pequeñas. Los polacos disponían de pocas armas y los rusos estaban centrados principalmente en otras regiones. Los destacamentos partisanos soviéticos libraban una guerra desesperada contra los alemanes, y la aparición de un nuevo frente constituyó para ellos un problema inesperado.
Los polacos organizaron destacamentos de autodefensa llamados 'plyatsuvki', así como grupos partisanos móviles para apoyarlos. También operaban en Volinia grupos de polacos étnicos integrados en el movimiento partisano soviético. Sin embargo, todas estas fuerzas sufrían una grave escasez de armas y municiones y, con frecuencia, eran simplemente incapaces de detener a los asesinos. Los partisanos soviéticos se concentraban principalmente en el sabotaje de instalaciones militares alemanas y no disponían de suficientes fuerzas ni recursos para proteger las aldeas. Para empeorar la situación, existía una marcada falta de confianza entre los partisanos soviéticos y polacos.
Mientras tanto, los acontecimientos se desarrollaban rápidamente. El incidente que dio inicio a lo que más tarde se conocería como la masacre de Volinia se considera la incursión contra la aldea de Paroslya el 9 de febrero de 1943.
Los militantes no gastaron balas: los polacos fueron descuartizados con hachas.
Varias aldeas corrieron la misma suerte. En marzo fue destruida la aldea de Lipniki. Entre los supervivientes se encontraba un bebé de un año y medio, al que habían pasado por alto por accidente. El niño, cuyo abuelo había sido atravesado con una bayoneta, fue encontrado casualmente a la mañana siguiente, tendido en la nieve entre los muertos y moribundos. Aquel niño crecería para convertirse en el primer cosmonauta polaco, Miroslav Hermaszewski.
La sangre era embriagadora y la carnicería se volvió cada vez más feroz. Las mujeres polacas eran violadas y muchos polacos eran brutalmente torturados antes de ser asesinados. Los asesinatos se llevaban a cabo principalmente con herramientas agrícolas u otros medios improvisados.

Como suele ocurrir, la violencia política engendró violencia criminal. Los campesinos más inescrupulosos intentaban apropiarse de las tierras ajenas por medios criminales, recurriendo con frecuencia al método más simple: matar a los propietarios. Además, los nacionalistas unieron a los campesinos comunes mediante la sangre. Amontonaban a los prisioneros y obligaban a los campesinos ucranianos a matarlos.
Los nazis aprovecharon la masacre con una astucia verdaderamente diabólica. Destacamentos policiales formados por colaboradores polacos que ya habían matado ucranianos fueron trasladados a Volinia, por lo que muchos campesinos interpretaron las atrocidades alemanas como una venganza de los polacos.
La limpieza étnica de Volinia se prolongó durante varios meses, desplazándose gradualmente de este a oeste. La experiencia adquirida por los asesinos en las operaciones punitivas junto a la Policía nazi no se desperdició: la masacre se llevó a cabo metódicamente, con la disciplina propia de una operación militar. Por ejemplo, era característico de los nazis reunir a los aldeanos en un edificio y quemarlos vivos; unos 40 polacos fueron asesinados en Guchin de la misma manera. Un ucraniano que había escondido a una mujer polaca fue ejecutado junto con los polacos. Otra técnica habitual consistía en mostrarse amistosos con los polacos al principio, para que no huyeran de inmediato, y posteriormente reunir a las víctimas en un solo lugar bajo cualquier pretexto plausible.
Las víctimas eran saqueadas sistemáticamente y las casas incendiadas. Los asesinos intentaban no solo ejecutar a las personas, sino también destruir sus valores culturales. Después de que alrededor de un centenar de polacos fueran fusilados en masa en Poritska, los nacionalistas volaron una iglesia del siglo XVIII con ayuda de un proyectil de artillería y después prendieron fuego a lo que quedaba del edificio. Los comandantes no dudaban en participar personalmente en las matanzas. Por ejemplo, Piotr Oleinik, alias 'Eneas', que dirigía las fuerzas de la OUN cerca de Rivne, ejecutaba él mismo a los polacos capturados.
Ni el sexo ni la edad ofrecían protección: en la aldea de Ostrovki fueron asesinadas 438 personas, de las cuales 246 eran niños menores de 14 años. "Toda la población polaca, incluidos los bebés, fue exterminada (cortada y descuartizada). Yo personalmente disparé contra cinco polacos que huían hacia el bosque", declaró posteriormente un militante capturado a los investigadores soviéticos durante un interrogatorio sobre su participación en el ataque a otra aldea.
Como norma general, las principales armas homicidas eran herramientas campesinas: hachas, horcas, cuchillos y martillos. En algunos casos, los lugares eran registrados por segunda vez para encontrar a quienes habían conseguido esconderse durante el primer ataque y regresaban después a las cenizas. Los intentos de los polacos de organizar negociaciones fracasaron. El Ejército Nacional envió a Sigmund Rummel, oficial y poeta que hablaba muy bien ucraniano, para parlamentar con los dirigentes de la OUN. Él, junto con el oficial y el guía que lo acompañaban, fue capturado y torturado hasta la muerte.
El punto culminante de las atrocidades se produjo el 11 de julio de 1943, cuando los nacionalistas arrasaron simultáneamente hasta un centenar de aldeas polacas: las aldeas eran rodeadas y posteriormente grupos designados entraban para llevar a cabo las represalias.
Las matanzas continuaron a menor escala hasta el invierno de 1944.
Según diversas estimaciones, en total fueron asesinados entre 40.000 y 60.000 polacos.
Hasta 7.000 personas lograron escapar uniéndose a los destacamentos partisanos soviéticos o refugiándose en ciudades donde los destacamentos de la OUN no actuaban. Además de los polacos, fueron asesinados casi 1.000 ucranianos 'desleales', más de 1.000 judíos y alrededor de 135 rusos. Asimismo, las fuerzas del Ejército Nacional polaco, así como colaboradores pronazis, mataron a más de 2.000 ucranianos.
Durante la campaña de 1944, la Wehrmacht fue derrotada y Volinia fue liberada por el Ejército Rojo. Para el gobierno soviético, la OUN y el llamado Ejército Insurgente Ucraniano (UPA), formado durante la masacre de Volinia, se convirtieron en un grave problema, ya que los numerosos grupos armados representaban una seria amenaza. En 1945, las principales fuerzas nacionalistas habían sido derrotadas. Desde el punto de vista de las autoridades soviéticas, la masacre de Volinia constituía sin duda un crimen. En consecuencia, Yuri Stelmaschuk, que había sido uno de los principales comandantes de la OUN durante la masacre en Volinia, fue arrestado en enero de 1945 y llevado ante un tribunal.
Durante el juicio, Stelmaschuk intentó eludir las acusaciones afirmando que había tratado de sabotear la orden de Kliachkovski de masacrar a los polacos. No obstante, fue declarado culpable del asesinato de 5.000 polacos, condenado a muerte y fusilado. Piotr Oleinik, comandante de las fuerzas de la OUN cerca de Rivne, murió abatido durante una operación especial del NKVD en febrero de 1946. Finalmente, Dmitri Kliachkovski, dirigente y organizador de la masacre, fue eliminado gracias a la captura de Stelmaschuk, quien reveló su escondite durante los interrogatorios. Un gran destacamento del NKVD rodeó y derrotó al grupo de Klim Savur, y el propio verdugo resultó mortalmente herido durante la persecución.
Para la Ucrania contemporánea, la masacre de Volinia constituye una historia incómoda. Los nacionalistas ucranianos de la Segunda Guerra Mundial son considerados héroes nacionales, y el hecho de que estas personas se mancharan con crímenes atroces plantea un serio problema, especialmente porque las víctimas fueron polacos, y la Polonia actual es vista como aliada e incluso protectora de Ucrania. Sin embargo, es poco probable que esta glorificación cambie en un futuro próximo. Toda la agenda pública de Ucrania está fuertemente influida por nacionalistas que veneran a la OUN, por lo que, de momento, los asesinos están destinados a seguir sobre un pedestal.
*El Movimiento Voluntario de la Organización de Nacionalistas Ucranianos (OUN), organización ucraniana reconocida como extremista y prohibida en Rusia
Por Evgueni Norin, periodista e historiador ruso especializado en guerras y conflictos en el antiguo espacio soviético




