La guerra arancelaria impulsada por el presidente de EE.UU., Donald Trump, tendrá esta semana un capítulo decisivo, ya que se vence el plazo para que decida si le impondrá o no nuevas tasas a Brasil, la economía más grande de Sudamérica.
Un extenso reporte del portal G1 detalla los alcances de una medida que puede impactar de lleno en la economía brasileña, en medio de las campañas rumbo a las elecciones presidenciales del próximo 4 de octubre, y en las que el presidente Luiz Inácio Lula da Silva se juega un nuevo mandato frente a su principal opositor, el ultraconservador Flávio Bolsonaro.
El miércoles vence el plazo para que Trump anuncie si incrementará los aranceles a los productos brasileños a través de dos vías. Por un lado, aplicaría un 25 %, en represalia por supuestas "prácticas comerciales desleales". Por otro, agregaría un 12,5 % más a modo de sanción por, supuestamente, no combatir el trabajo forzado. En ambos casos, Lula ha advertido que no existe justificación alguna para un castigo comercial de esa envergadura.
Si se toman en cuenta los aranceles que ya rigen, el escenario definitivo implica que 54,1 % de las ventas hacia EE.UU. tendrían tasas, lo que impactaría de manera negativa en la mayoría de los sectores de la industria brasileña.
Negociaciones y escenarios
EE.UU. amenazó con estos nuevos impuestos a principios de junio. Desde entonces, el Gobierno de Brasil inició una serie de negociaciones que no habrían tenido efecto, ya que la administración de Lula da Silva cree que Trump finalmente impondrá los aranceles y ya ha preparado un plan de contingencia.
Para Brasil, el escenario más favorable es que EE.UU. aumente la lista de productos que quedarán exentos de las tasas, ya que, en caso contrario, los mismos incrementarán su precio en el mercado estadounidense, lo que afectaría a los consumidores de ese país.
Además, el país sudamericano cuenta con el apoyo de 43 empresas de EE.UU. que le pidieron a la administración Trump que no imponga las nuevas tasas a las importaciones brasileñas, ya que muchos de esos productos no tienen sustitutos y solo se van a encarecer.
Por otro lado, Bolsonaro, el rival de Lula, se convirtió en un aliado impensable en la dura negociación, ya que también ha pedido a EE.UU. que aplace su decisión hasta que pasen las elecciones presidenciales.
La postura de Bolsonaro, sin embargo, tiene una explicación: el candidato ha sido perjudicado en las más recientes encuestas, de cara a las elecciones de octubre, por haber alentado a Trump —de quien es afín ideológico— a castigar comercialmente a Brasil para perjudicar a Lula. Su estrategia falló, pero el actual mandatario aprovechó el revés para bautizar a su rival como "tari-Flávio".


