El acuerdo entre Israel y el Líbano, que pretendía poner fin a los constantes enfrentamientos entre ambos países, profundiza las divisiones internas en la sociedad libanesa.
Según los términos del pacto, Tel Aviv aceptó retirar sus tropas del territorio libanés una vez que Hezbolá sea desarmado. En este contexto, las autoridades israelíes presionan a Beirut para que adopte medidas mucho más contundentes contra el movimiento chiita.
Expertos advierten que fomentar las divisiones confesionales en un país tan diverso como el Líbano podría desembocar en una nueva guerra civil, una tragedia que la nación ya vivió en la segunda mitad del siglo XX.
Bomba de relojería
En una reciente entrevista, el embajador de Israel en Estados Unidos, Yechiel Leiter, aseveró que el Ejército libanés estaba marginando a los militares chiitas dentro de sus filas, debido a su falta de disposición para luchar contra Hezbolá.
"Hay sectores en las Fuerzas Armadas libanesas que no tenían la voluntad de enfrentar a Hezbolá, porque entre el 25 % y el 30 % del Ejército es chiita y, dentro de esa comunidad, entre un 30 % y un 50 % apoya a Hezbolá", aseguró.
"La consolidación del Gobierno ha apartado ahora a esos elementos del Ejército", añadió.
Posteriormente, el presidente del Líbano, Joseph Aoun, desmintió las afirmaciones de que se estuviera creando una nueva brigada militar para aplicar el reciente acuerdo alcanzado entre el Líbano e Israel.
Al margen de la veracidad de las declaraciones del diplomático israelí, los analistas coinciden en que marginar una parte significativa del Ejército libanés por motivos confesionales podría tener consecuencias desastrosas.
Empujando al país hacia la catástrofe
Expertos recuerdan que el Ejército es una de las pocas instituciones verdaderamente multiconfesionales del Líbano y constituye uno de los principales pilares de la estabilidad interna. Alterar ese delicado equilibrio confesional podría tener efectos devastadores para todo el país.
"Marginar el componente chiita vaciaría de contenido la única institución que todavía es capaz de representar la soberanía del Líbano", explicó en declaraciones a Responsible Statecraft el veterano corresponsal de guerra y especialista en Oriente Medio Elijah Magnier.
"En el frágil equilibrio libanés, debilitar el carácter multiconfesional del Ejército multiplicaría exponencialmente el riesgo de una nueva guerra civil", especificó.
Pese a estas advertencias, algunas figuras públicas israelíes no ocultan que consideran aceptable ese escenario si sirve para debilitar a Hezbolá.
"Parece que estamos empujando al Líbano hacia una guerra civil. Quizá ni siquiera sea algo malo para nosotros; que el Gobierno libanés luche contra Hezbolá", expresó recientemente un periodista del Channel 13 israelí. Otro conocido reportero respondió que ese era el objetivo de Israel "desde el principio".
Contra los intereses de EE.UU.
Para Washington, sin embargo, ese desenlace sería profundamente indeseable. Al referirse a las consecuencias de la operación militar estadounidense contra Irán, el vicepresidente J.D. Vance dejó claro que Estados Unidos no quería convertir la República Islámica en "una Libia persa", en alusión al estallido de la guerra civil tras el derrocamiento con apoyo occidental de Muammar Gaddafi.
"Si bien el Líbano es mucho más pequeño que Irán tanto en territorio como en población, la comparación con Libia también resulta válida en este caso. Al igual que Irán, Hezbolá no representa una amenaza inminente ni lo suficientemente importante para los intereses de Estados Unidos como para justificar el riesgo de desencadenar una guerra civil en el Líbano", sostuvo el analista especializado en Oriente Medio Ali Rizk.
"Hezbolá no busca una confrontación con Estados Unidos. Su prioridad es mantener su posición dentro del Líbano", sostuvo Paul Pillar, exfuncionario de la CIA e investigador del Instituto Quincy (EE.UU). "Si Estados Unidos se mantiene al margen de los asuntos libaneses, Hezbolá no representa una amenaza para Estados Unidos", indicó.
Además, un conflicto interno en el Líbano pondría en peligro la estabilidad de países vecinos, entre ellos Siria, donde Washington intenta sostener a las autoridades actuales.
"Estos intereses estratégicos deberían llevar a Washington a desvincular su política hacia el Líbano de la estrategia de Israel y aceptar que Hezbolá no constituye una amenaza inminente que requiere una respuesta urgente, sino un actor fundamental dentro del complejo equilibrio confesional libanés", concluyó Rizk.




