En vísperas de la cumbre de la OTAN celebrada la semana pasada en Ankara, los miembros europeos de la Alianza Atlántica tenían un objetivo muy claro: que la reunión fuera lo más aburrida posible.
Temerosos de nuevas declaraciones explosivas de Donald Trump, los europeos eliminaron de la agenda los temas más controvertidos y evitaron dar la palabra a Vladímir Zelenski durante la sesión plenaria.
Y aunque la cumbre transcurrió sin sobresaltos y sin grandes titulares, difícilmente puede decirse que haya resuelto los problemas de la OTAN, ya que estos responden a cuestiones mucho más profundas, vinculadas a la propia estructura de la alianza.
Sin resultados claros
La declaración final aprobada por los líderes fue excepcionalmente breve. Consta de apenas seis puntos, cuando los comunicados finales de las cumbres de la OTAN suelen incluir varias decenas de párrafos distribuidos en numerosas páginas.
Además, por primera vez, el documento no menciona ni la fecha ni el lugar de la próxima cumbre y tampoco contiene referencia alguna a una futura adhesión de Ucrania al bloque militar.
Ni siquiera esa cautela evitó nuevas tensiones. Donald Trump volvió a criticar a sus aliados por considerar insuficiente su gasto en defensa, reprochó la falta de apoyo europeo durante el conflicto en Oriente Medio y reiteró, además, su intención de incorporar Groenlandia a Estados Unidos.
💸❌Trump amenaza con cortar el comercio con España
— RT Última Hora (@RTultimahora) July 8, 2026
Durante la cumbre de la OTAN en Ankara, Donald Trump lanzó una dura advertencia a España, amenazando con interrumpir todo el comercio y suspender visitas, al considerar al país como un "caso perdido". pic.twitter.com/HRS2Sb7ulx
Los expertos señalan que, aunque la reunión de Ankara no supuso el principio del fin de la OTAN, sí puso de manifiesto una tendencia cada vez más evidente: ignorar las contradicciones internas, evitar titulares incómodos y aplazar las decisiones difíciles.
El problema está en su propia estructura
Como señala el profesor de la Universidad de Harvard Stephen Walt, resulta difícil considerar la cumbre como un éxito para la Alianza Atlántica.
"Nadie debería hacerse ilusiones: la OTAN es un cachorro enfermo. Cuando cada cumbre de la alianza se celebra bajo el temor de que su miembro más poderoso pueda hacerlo saltar todo por los aires y abandonar la organización, y termina con un suspiro colectivo de alivio porque eso no ocurrió, difícilmente puede hablarse de una verdadera alineación estratégica o de unos valores compartidos", escribió en una columna para Foreign Policy.

Según Walt, aunque resulte tentador atribuir todos los problemas de la OTAN a Donald Trump, la realidad es mucho más compleja y las dificultades del bloque tienen un carácter estructural.
"Las alianzas militares no son un fin en sí mismas; son simplemente un instrumento mediante el cual los Estados buscan aumentar su seguridad frente a una amenaza común. Y, con independencia de cómo se valore hoy a Rusia, los miembros de la OTAN ya no afrontan el mismo entorno de amenazas claro y unificador que existía cuando la alianza fue creada en 1949", explica.
¿Qué representa hoy la OTAN?
A juicio de Walt, el giro estratégico de Estados Unidos hacia el Indo-Pacífico ha obligado finalmente a los dirigentes europeos a asumir que deberán depender mucho más de sus propias capacidades.
Asimismo, considera que los europeos han dejado de tomarse demasiado en serio las amenazas de Trump y que ahora simplemente "asienten cortésmente y le ofrecen halagos sin ningún significado".
"En este momento, el principal objetivo de los países europeos es ganar tiempo y obtener el armamento estadounidense que necesitan para desarrollar una capacidad de defensa suficiente", afirma.
"En resumen, el principal propósito de la cumbre de Ankara era que no ocurriera absolutamente nada. Misión cumplida. Pero no lo confundan con una prueba de la buena salud de la OTAN", concluye.


