Donald Trump muestra cada vez más irritación por la guerra en Irán, que entra en su quinto mes pese a que su propio equipo había pronosticado una operación rápida de semanas. El conflicto se ha reavivado tras el colapso del alto el fuego, con ataques diarios de EE.UU. y nuevas represalias iraníes, y ha disparado el precio del petróleo por encima de 100 dólares el barril y de la gasolina por encima de 4 dólares el galón, lo que aumenta el desgaste económico y político del presidente a pocos meses de las elecciones de medio mandato.
Según una fuente anónima citada por Bloomberg, Trump ha pasado a un "modo venganza" contra la República Islámica, frustrado por las bajas estadounidenses (18 soldados muertos) y escéptico ante la posibilidad de retomar unas negociaciones que, hasta ahora, solo produjeron un frágil memorando para reabrir el estrecho de Ormuz.
La Casa Blanca mantiene un ritmo de bombardeos nocturnos mientras el presidente alterna amenazas de una castigo militar mayor —incluido contra infraestructuras civiles, algo que expertos advierten podría rozar el crimen de guerra si se ejecuta— con propuestas improvisadas para "desbloquear" la crisis, como un peaje del 20 % al tráfico por Ormuz (ya retirado ante la presión de aliados del Golfo) o el uso de fondos iraníes incautados para pagar daños.