Un estudio de la Universidad de Oxford reveló que la producción industrial de pollos multiplicó por más de 100 el movimiento de la bacteria Campylobacter, lo que permitió que cepas antes limitadas a aves silvestres se mezclaran ampliamente en poblaciones avícolas comerciales.
La investigación analizó cerca de 2.800 genomas bacterianos recolectados entre 1979 y 2024 en 30 países, logrando identificar cambios genéticos asociados con la adaptación de la bacteria al entorno avícola, incluidos genes relacionados con la resistencia a los antimicrobianos, la tolerancia al estrés oxidativo, la adquisición de metales y la motilidad.
El estudio también sugiere que las grandes y densas poblaciones de pollos actúan como "esponjas de patógenos", al absorber y amplificar cepas bacterianas de múltiples orígenes. El profesor Sam Sheppard afirmó que "la agricultura industrial ha creado uno de los mayores hábitats animales del planeta" y sostuvo que los cambios ambientales impulsados por el ser humano favorecen la propagación de enfermedades infecciosas.
Oakem Kyne, estudiante de doctorado de la universidad de Oxford y uno de los autores del estudio, afirmó que, a medida que la Campylobacter se adapta a las aves de corral, puede adquirir características vinculadas a la resistencia a los antimicrobianos, y añadió que comprender la influencia de las prácticas agrícolas es clave para reducir la carga de enfermedades transmitidas por alimentos.