Investigadores del Instituto Wistar, un centro estadounidense de investigación biomédica, descubrieron que la fructosa, un azúcar común en la dieta, puede favorecer la propagación de una forma agresiva de cáncer de ovario. El estudio, publicado en Nature Aging, examinó cómo las células tumorales que sobreviven a la quimioterapia favorecen la propagación del cáncer y demostró este efecto en un modelo preclínico (aún no probado en pacientes).
Aunque estas células dejan de dividirse, siguen biológicamente activas y liberan moléculas a su alrededor. Entre estas, los investigadores identificaron la fructosa, que reduce el colesterol de la membrana de las células cancerosas vecinas. Esto debilita la unión entre ellas y facilita que se desprendan y propaguen.
El cáncer de ovario suele responder inicialmente a la quimioterapia con platino (tratamiento que utiliza fármacos con compuestos de platino para dañar el ADN de las células cancerosas), pero reaparece en la mayoría de las pacientes. Su propagación por la cavidad abdominal causa cerca del 90 % de las muertes asociadas a la enfermedad.
Los investigadores también observaron que, incluso sin quimioterapia, los altos niveles de fructosa presentes en las bebidas azucaradas favorecieron la propagación del cáncer en el modelo preclínico. Sin embargo, la eficacia de reducir su consumo todavía no se ha probado directamente en pacientes.
A partir de estos resultados, los científicos estudian si las estatinas, medicamentos que reducen el colesterol, podrían interferir con los efectos de la quimioterapia, aunque subrayan que los pacientes no deben dejar de tomarlas. También analizan si este mecanismo se repite en los cánceres de páncreas, colon e hígado, pero todavía no pueden considerarlo universal.